Mostrando entradas con la etiqueta Luz de luna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luz de luna. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de agosto de 2012

CAP 23 - Culpables


...
CAPITULO 23
Culpables
...
No podía estar tranquila.
Horas habían pasado desde que tuve el percance con Matt y aún no había regresado. Estaba preocupada por él, realmente preocupada.
Tal vez era presentimiento, o la marca en mi corazón que había dejado la reacción de Edward cuando sintió que ya no tenía razones para vivir, dos años atrás, que me hizo estremecer al pensar en las locuras que un vampiro podía cometer cuando no estaba en todos sus sentidos.
¿Sería Matthew capaz de reaccionar de mala manera luego de lo que había pasado? Y si lo intentara ¿Podría yo, llegar a tiempo e impedirlo?
"Eres culpable. Tú culpa. Solo tú culpa. Matt está pasando un mal rato por tu culpa." —Me repetía constantemente. Traté de relajarme, pero no pude.
Llevaba sintiéndome de esta manera desde el instante en que él se marchó. La mirada de tristeza de su hermano menor me carcomía el cerebro. Pueden llamarlo masoquismo, pero no conseguía parar de reproducir aquella imagen en mi cabeza, era como si mi subconsciente quisiera hacerme sentir aún peor.
Cuando huí, no hice más que acurrucarme bajo las sábanas de mi cama y frotar mi brazo con nerviosismo, reconfortándome a mí misma. Necesitaba a alguien, no importaba quien, pero en ese momento necesitaba a alguien.
…
Había oído algo acerca de la ley de atracción, decía que cuando deseabas algo con cada fibra de tu cuerpo y toda tu alma, y de verdad lo necesitabas, se hacía realidad o en su defecto algo similar. Nunca creí en aquello hasta este momento, cuando estaba derrumbándome y escuché unos pasos muy conocidos, acercándose a mí.
— ¿Mamá?
Esa dulce voz era justo la que precisaba, la única que me tranquilizaba al instante sin necesidad de decir ni una palabra más. Mi hija era — junto a su padre — mi mundo, la luz de mis ojos, mi salvación.
— Ven aquí, cielo. —le pedí, extendiendo mis brazos hacia ella.
Gateó por la cama hasta llegar a mi lado. La abracé y aspiré el aroma a fresias del nuevo shampoo, que desprendía su cabello.
— ¿Cómo has llegado hasta aquí? —pregunté una vez que volvió mi cordura.
— Tía Alice me ha traído —contestó y me tensé.
Alto… ¿Alice?
Debí haber estado tan absorta en mis pensamientos que no oí siquiera sus pasos al acercarla aquí. Esa cualidad de desconectarme del mundo exterior por tiempo indefinido, avergonzaría a cualquier vampiro.
Siempre pensé que en esta nueva vida, nada se me escaparía, y estaba muy orgullosa de eso, pero al parecer existen algunas excepciones a esa regla. Heme aquí. Lo molesto de todo esto es que me pasa muy a menudo y resulta insoportable darme cuenta de lo qué me he perdido, una vez que regreso a mi cuerpo. Edward nunca me había comprendido en ese aspecto, mientras yo estaba enfadada por eso, él solo sonreía y le restaba importancia.
— ¿Has dormido bien? ¿No tienes más sueño?
Tuve que preguntarle, pues sus ojitos estaban un poco colorados e hinchados y no de la manera característica del "recién despierto"
— Tuve pesadillas —susurró, frunciendo su ceño y haciendo una mueca.
— Oh, cariño —sonreí y besé su cabello — ¿Quieres contarme? Tal vez pueda ayudarte.
Negó con la cabeza frenéticamente casi al instante y escondiendo su rostro detrás de su larga cabellera, un gesto propio de mí.
Tomé su barbilla para que me mirara y la alenté con otra sonrisa. Era un método bastante efectivo para persuadirla, a sabiendas que lo mejor para aliviar una pesadilla era contándosela a alguien.
Por un momento se rehusó y usó el clásico método de enterrar su rostro en la almohada, pero fue cuestión de segundos antes de que suspirara y empezara a hablar.
— Prométeme que no te enojarás.
— Claro que no, te lo prometo.
Movió un poco la cabeza de la almohada, dejándome ver la mitad de su rostro. Rápidamente volvió a esconderse. Se veía realmente adorable, pero no pude evitar sentirme atemorizada por los sentimientos que estaban atravesando su pequeño corazoncito. Nunca antes me había esquivado de aquella manera.
— Era papá… no quiero que se vaya
Sus palabras me cayeron como una bomba.
Cuéntame, le dije y no podía echar el tiempo atrás. Comenzó a llorar y se me partió el corazón en mil pedazos.
Mi garganta comenzó a arder, tragué la ponzoña
— Papá no se va a ir a ningún lado, cielo. Él nunca nos dejaría.
Y de pronto un recuerdo reciente vino a mí, el pánico me invadió.
Nunca antes me había detenido a pensar en que tal vez los extraños sueños de Renesmee podían llegar significar algo. Siempre pensé que eran solo pesadillas como las que yo tenía cuando era humana, pero no las relacioné con la realidad. Ni siquiera se me había ocurrido hacerlo.
Tres días antes del accidente con mi padre, mi hija había tenido una pesadilla.
…
Edward apretó mi mano cuando escuchamos a nuestra pequeña moverse inquieta en la habitación de al lado. Fruncí el ceño y lo miré fijamente, buscando una respuesta. Entonces ya no habían quejidos, solo llanto.
En un abrir y cerrar de ojos, me encontraba junto a la cama de Nessie intentando desesperadamente, despertarla.
— Renesmee, cielo. Despierta.
Sin embargo, y a pesar de haber recobrado la conciencia, no quiso abrir sus ojitos y continuó llorando.
Hice todo lo que estuvo a mi alcance para intentar tranquilizarla y nada dio resultado. Conforme el llanto aumentaba, el sentimiento de impotencia me carcomía. Edward sufría igual que yo, besó su frente y la acunó entre sus brazos como cuando era una bebé, pero tampoco funcionaba. Su ánimo comenzaba a decaer al igual que el mío.
Angustiado y abatido, tiraba de sus cabellos con su mano derecha y mordía sus labios, exprimiendo su mente buscando algo que le explicara que estaba pasando con su princesita. Desesperado por ayudarla o al menos calmarla, agotó todos sus recursos prácticos que había aprendido de una infinidad de libros de paternidad. Cuando notó que nada resultaba, explotó.
— ¡Santo cielo, me siento como un mal padre! ¡No se qué hacer! —gimió de frustración luego de exhalar bruscamente todo el aire contenido en sus pulmones.
— ¡No! ¡Edward, no! —Intenté convencerlo de que estaba equivocado —A veces los niños tienen pesadillas, es normal. Ella nunca había tenido una, por esa razón está tan abrumada y hace un berrinche. Debemos tener paciencia, Reneé lo dijo.
— Pero mírala. No puedo solo dejarla llorar, no puedo…
Y no era lo que le estaba pidiendo. Además sabía se sobra que Edward nunca dejaría que Renesmee llorara sin su consuelo. Nunca lo había hecho, incluso en las más ridículas rabietas.
Ella había tenido una pesadilla, estaba segura. Y cuando se tranquilizara podríamos saber que la atormentaba de ese modo.
Luego de diez minutos de llorar en nuestros brazos, se calmó. Hipando, comenzó a relatarnos su mal sueño.
— El abuelito Charlie… el abuelito Charlie —sollozó.
— ¿Qué sucede con el abuelito, corazón?
— Estaba lastimado… alguien malo le hizo daño…Mami tengo miedo
Esa noche, o lo que restaba de ella, Renesmee durmió en nuestra habitación. No volvió a tener pesadillas en aquel día, pero eso no nos quitaba el disgusto de que pudiera volver a pasar.
Y en efecto, volvió a suceder.
Su segunda pesadilla nos incluía a Matthew y a mí peleando. ¿Coincidencia? Una es casualidad, dos son una extraña y sorprendente coincidencia, pero tres… si esta pesadilla se convertía en realidad, entonces debería considerar la posibilidad de que mi hija poseía más de un don, y éste se asemejaba al de Alice.
…
Edward llegó unos minutos más tarde. Parecía preocupado y se acercó a paso cauteloso. Se quedó mirando a Nessie dormir entre mis brazos hasta que clavó su mirada en mí.
A juzgar por el dolor en sus ojos, deduje que algo debían tener los míos, pues solo bastó una mirada para que se pusiera en el plan de marido comprensivo. Tu dolor es mi dolor… pero yo no quería preocuparlo contándole lo que acababa de descubrir aunque sabía que era mi deber decírselo. Aunque tal vez él podría hacer algo, lo entendería… o llevaría su preocupación al límite.
¡No! Edward es muy inteligente, el sabrá que hacer. O tal vez…
— Déjame llevar a Renesmee a su cuarto —susurró pasando sus brazos alrededor de su cuerpo para llevarla.
Al principio lo dejé, pero me llevó un fracción de segundo darme cuenta de lo que vendría después.
— ¡No! ¡Oh, no, Edward! —protesté en voz baja, evitando despertar a mi hija. —Déjala dormir aquí. Mírala, está tan cómoda…
Sabía que si se la llevaba me acorralaría para hablar sobre lo ocurrido. De verdad no me importaba si se trataba del asunto de Matthew, pero en cualquier momento se me escaparía de los labios lo referido a la pesadilla de Nessie. Y de verdad, yo no quería preocuparlo.
— Bella… — suspiró. Se notaba en su expresión que no estaba seguro y que no daría su brazo a torcer. Teníamos que hablar. —Espérame un momento. La arroparé y hablaremos. —Giré mi cabeza a un costado mientras él tomaba en brazos a Nessie. Desocupó una mano para sujetar mi mentón y obligarme a mirarlo. Sus ojos estaban en blanco, escondiendo todo sentimiento —Bella, mírame. Hablaremos.
Salió de la habitación y me sumí en el silencio maquinando un plan para evitar hablar de aquello, pero me di cuenta que era imposible. ¿Cómo podría ocultarle algo a Edward? ¿Cómo podría mantener en secreto mis preocupaciones cuando se trataba del amor de mi vida? Y lo más importante ¿Se haría realidad aquella pesadilla?
Mi cabeza daba vueltas sin rumbo alguno, volviendo siempre al mismo pensamiento… "Edward. Edward nos estaba abandonando"
Me encantaría poder asegurar que el sueño solo se trataba de una simple coincidencia, pero por alguna extraña razón mi pecho se contraía y me invadía una sensación de amargura cada vez que intentaba convencerme a mi misma de aquello. Y ¿Cómo podría convencer a los demás de que todo estaría bien si no podía estar segura yo misma? Estaba hecha un completo desastre y no tenía la más mínima idea de cómo superarlo. ¿De verdad nos abandonaría? Tal vez solo se trataba de algo insignificante que había sido sacado de contexto, no podría saberlo con exactitud.
Aquel raro y atemorizante presentimiento ocupaba gran parte de mi conciencia. Traté de ignorarlo cuando oí a Edward a tan solo unos pasos de mi lugar.
"Tranquila Bella, puedes hacerlo. No preocupes a Edward en vano"
— Entiendes que me he enterado de todo ¿Verdad? —dijo, recostándose a mi lado.
Asentí lentamente con resignación, pero también con alivio por el tema al que se dirigiría la discusión. Si lo distraía lo suficiente con mi percance con Matt probablemente lo interpretaría como la única razón de mi inquietud. Con un poco de suerte, no me haría hablar más de lo que él creyera necesario.
— Cielo, no ha sido culpa tuya…
— Si lo fue. Es mejor admitirlo que seguir ignorando mi increíble facilidad por arruinar las cosas.
Pude notar de reojo que fruncía el ceño, como cada vez que contradecía sus palabras cuando estaba tan convencido de tener razón. Pero la verdad era que la culpa había sido mía y solo mía.
Suspiró y tomó mi mano para besarla en un gesto dulce. Luego me dio un apretón y se dedicó a jugar con un mechón de mi cabello.
— Hay algo que te he estado ocultando — soltó de repente.
Me extrañó tanto que Edward me estaba escondiendo algo que me senté de golpe y clavé mi mirada en sus ojos. Parecía realmente perdido en sus preocupaciones.
Entonces recordé que yo también tenía mi secreto y no estaba en mis planes el que él se enterara. Pero ¿De qué se trataba su secreto? A juzgar por su expresión, se trataba de algo grande, verdaderamente grande.

Después de tanto tiempo, estoy aquí de regreso. No tengo excusas pero estoy aquí.
El próximo capítulo está el proceso y es el penúltimo. Está escrito en tercera persona porque se viene una gran tormenta y debemos concentrarnos en las emociones de tres personas. No es muy largo porque como saben, no me gusta escribir capítulos largos.
Espero poder terminarlo para este viernes, en todo caso ya estoy escribiéndolo.
Rezo para que la inspiración no se me escape otra vez y pueda terminar el fanfic antes del segundo aniversario de mi blog. Creo que todos estamos un poco desconcentrados por los acontecimientos en el mundo Robsten pero debemos seguir adelante... Estaré en contacto por Face y Twitter.

viernes, 23 de marzo de 2012

CAP 22 - Secretos

...
CAPITULO 22
Secretos
...
"Mi madre se hundía en su propia miseria. Estaba muriéndose de depresión y yo no podía hacer nada al respecto. Chris tenía apenas ocho años y le afectó mucho ver como nuestra madre moría ante nuestros ojos. Era solo un niño. Juré que nunca lo dejaría solo, lo protegí de todo lo que pudiera hacerle daño pero no me di cuenta que me estaba destruyendo a mí mismo."
Repetí sus palabras una y otra vez en mi cabeza.
¿Cómo podía ser este Matthew el chico de aquella triste historia? La pena que ya venía sintiendo desde el comienzo se incrementó al intentar imaginarme en su lugar. Yo nunca podría soportarlo, me crié con una madre infantil y maduré demasiado rápido para mi edad, pero eso no se comparaba en absoluto con tener que cuidar de una madre deprimida al extremo y un hermano menor que se sentía culpable de las desgracias que caían sobre la familia.
No tuve un hermano de sangre pero los Cullen ya se habían convertido en mi familia y si alguien les hiciera daño, nunca me lo perdonaría. Emmett era el niño del hogar, el que traía alegría cada vez que el día se convertía en rutina y Nessie estaba de mal humor. Traté de no visualizarlo con el corazón roto, pero fue imposible. Si Emm entraba en depresión yo lo haría con él, porque mi corazón no era lo suficientemente fuerte como para soportar verlo en esa situación. Ni a él ni a ninguno de mis hermanos.
Luego mi mente volvió hacia Christopher. Él parecía el más maduro, un chico feliz y estable.
Dicen que las personas que han tenido una infancia difícil, son propensos a depresiones y la vida los golpea con más fuerza. Pues éste no era el caso de Chris, porque al mirarlo a los ojos no podías contemplarlo como vulnerable o sensible, el chico irradiaba pura felicidad.
Y su madre… debió haber sido horrible ver morir a su propia madre y no poder hacer nada para ayudarla. Incluso yo he deseado que mis padres fueran inmortales para no perderlos nunca, pero aquello sería condenarlos a la infelicidad.
Pasé un brazo por el hombro de Matt para darle consuelo. Supuse que se asombraría, pero la angustia de los recuerdos lo tenían tan sumido que no se movió.
Quería decirle algo, pero no sabía por dónde comenzar.
— No tenía a nadie que me ayudara a superarlo… — suspiró mientras se tapaba el rostro con sus manos.
— ¿Qué sucedió con tu padre? —pregunté, rehusándome a creer que aquel hombre pudiera abandonarlos a su suerte, aún con el lazo de sangre que los unía.
— Él era todo para mí. Lo admiraba como a nadie. —comenzó. Supe que sería una larga historia, pero la escucharía con gusto. Si Matt necesitaba alguien con quien desahogarse, yo estaría ahí para él. Después de todo, formaba parte de la familia. —Desde que tengo uso de razón, siempre he querido ser como él. Era militar, lo que me hacía admirarlo aún más; nos enseñó que su profesión era sinónimo de valentía, fortaleza… honor. Quería que siguiéramos sus pasos y yo estaba más que dispuesto a hacerlo aunque mi madre se opusiera. Nunca entendí porqué ella odiaba tanto la milicia, pero sé que tenía sus razones.
— ¿Nunca las descubriste? —interrumpí. Pero luego de pensarlo un poco, dejé de querer saberlo. Si yo estuviera en su lugar y teniendo en cuenta que, en su juventud, Edward quería servir a su pueblo y ser soldado, tampoco me hubiera agradado.
— No, ni siquiera después de mi conversión. —respondió torciendo el gesto. Luego retomó su historia, cerró los ojos y se adentró en los recuerdos —Mi padre era alemán y mi madre Inglesa. Él dejó su país para mudarse a Londres, pero tenía bien en claro dónde estaba su lealtad. Mi abuelo paterno ocupaba un cargo importante en la Milicia Alemana y convocó a mi padre para sucederlo. En esos tiempos éramos muy pequeños y creíamos que se trataba de algún enfrentamiento para mantener el honor de su Patria, para salvarlos. No teníamos ni idea de que en realidad se había convertido en un genocida.
Jadee de la impresión. Yo conocía bastante los hechos de la Segunda Guerra mundial y Alemania Nazi, los había estudiado en el instituto. Pero ¿Genocida? Aquella palabra tan dura tenía solo un significado para mí: Monstruo.
— Fue para mediados de la Segunda Guerra Mundial. Tú podrás imaginarte para donde iba el asunto. —gruñó. Escuché rechinar sus dientes, la ira volvía a él. —No sé mucho sobre esa época, no lo investigué, no escuché cuando la gente hablaba de aquello porque no quería aceptar en lo que mi padre se había convertido. De lo único que estoy al tanto es que él participó y aprobó el asesinato de mucha gente y de niños inocentes. Se transformó en un asesino, Bella. Ya no tenía corazón.
Apreté el agarre de mi mano en su hombro. Si pudiera llorar, mi rostro estaría empapado.
Agradecí a los cielos por tener un padre tan bueno como Charlie. Aunque no habíamos estado muy unidos en mi infancia y adolescencia, sabía que me amaba y que era un hombre bueno. Su trabajo era proteger a las personas y a su familia. Él daría su vida por mí y si en algún momento la mía se encontrara en riesgo, él sin dudar haría lo que fuera para garantizar mi felicidad.
Pero por sobre todo, el corazón de Charlie era tan grande que nunca se atrevería a hacerle daño a nadie, incluso en el tiempo en que odió a Edward, yo sabía que no se atrevería a herirle si lo hubiera visto.
Charlie era un hombre bueno, muy bueno.
— Luego que se marchó a cumplir su misión, fue cuestión de tiempo el que mi madre se enterara de la verdad. Ella no podía aceptar que la persona que más amaba en el mundo era un mercenario. Una noche volvió, quería llevarnos a Múnich. Mi madre sacó todo el coraje que se había estado guardando y se enfrentó a él. Escuché sus gritos en la planta baja de la casa… las escaleras crujieron, pero no sonaban como pisadas de adultos. Fui a la habitación de de mi hermano, la cama estaba vacía… Los pasos eran de él… — la angustia lo superó y ocurrió algo que pensé que nunca podría presenciar, rompió a llorar con violencia. Estaba destrozado. —Mi padre… él… ¡Mi hermanito!
— Shh… tranquilo —intenté consolarlo mientras soltaba su brazo, dispuesta a abrazarle pero me alejó.
Los sollozos no pararon y yo me sentía impotente. No me gustaba ver a una persona llorar de aquel modo.
Por unos segundos pude ver sus ojos y el corazón se me rompió en mil pedazos. No eran fríos, ni maduros, tampoco estaba cubriendo sus sentimientos con una máscara. Eran sinceros, llenos de dolor. Aquellos hermosos orbes azules parecían los de un niño herido de sobremanera, con aquella tierna inocencia que los caracterizaba. Y para mí, ver a un pequeño llorar era un calvario.
No pude contener mis impulsos, me fue imposible.
Contra su voluntad, apoyé mi mentón en su hombro y rodee con mis brazos su rígido cuerpo que ahora convulsionaba violentamente. Intentó soltarse de mi agarre, pero no hice otra cosa que sujetarlo con más fuerza.
Dejó de luchar contra mí y, resignado, flexionó sus piernas y escondió su cabeza en el hueco que formaba. Gruñó cuando se aprisionó en posición fetal. Comprendí su dolor, ya lo había experimentado en carne propia.
Recordé mis días de soledad, cuando Edward me había abandonado. Me adentré en esos recuerdos y lo compadecí. No había peor sufrimiento que el de un corazón roto. Él estaba sintiendo que se deshacía, que su cuerpo se caía en pedazos y no tenía otra opción que sujetarlo.
Oh, sí. Yo sabía cómo se sentía aquello.
Unos cuantos segundos después apareció Chris y se unió a nosotros. Le pasó la mano por sus cabellos y los tironeó suavemente. Estuvimos fundidos en aquel abrazo protector por varios minutos, hasta que escuchamos el llanto cesar.
—Hey, Matty ¿Necesitas que… —intervino Christopher con la voz cautelosa, como si estuviera esperando algo maro, realmente malo.
Entonces Matt explotó. De manera brusca, nos empujó a un lado y su rostro demostraba ira. Sus ojos ya no eran los mismos, ahora estaban inexpresivos.
—¡Déjenme solo! ¡Eso es lo que necesito! —se exasperó. —No necesito que nadie me ayude, no necesito que nadie me consuele y me diga que "todo irá bien", porque ya lo he escuchado miles de veces y sé que no es verdad.
A estas alturas ya estaba gritando, su timbre de voz era demasiado alto incluso para un vampiro.
—Vamos… —insistió su hermano cuando empezó a notar que la situación se salía de control.
Unos suaves quejidos provenían del primer piso. Renesmee estaba despertando y aquí el ambiente se ponía cada vez más tenso y peligroso.
Lo miré con súplica, esperando que sus ojos hicieran contacto con los mío e intentara controlarse. También escuché los pasos de mi familia acercarse a nuestro lugar, pero les imploré que se mantuvieran lejos y a Nessie con ellos.
Cuando por fin Matt me miró, malinterpretó mi expresión.
—¡Maldita sea! Es precisamente por eso que no debía contarte nada —me gruñó. Yo estaba anonadada pues no le entendía. —Sabía que reaccionarías así, pero confié en ti.
—No sé de qué estás hablando, pero necesito que te tranquilices —le respondí sinceramente. Aún no entendía bien a qué se refería con mi "reacción"
Rodeó los ojos y maldijo al viento.
—Todos son iguales, me tienen pena. —Bufó con fastidio —Pero yo no necesito tu pena, Bella. Tengo suficiente con la de mi hermano.
No me molesté en decir ni una sola palabra porque él tenía razón, le tenía pena. Pero era inevitable, cualquier persona que estuviera en mi lugar pensaría lo mismo. Su historia era demasiado trágica cómo para dejarla pasar sin sentir nada, además no había llegado a terminarla. Y de la manera en la que se quedó, era evidente que nada bueno les esperaba.
Bajé la cabeza, avergonzada.
—Me prometí que sería fuerte, que no dejaría que nadie atravesara el muro de mis límites.
—Matt, yo nunca quise molestarte. Te juro que mis intenciones eran las mejores —aseguré, pero él parecía no creerme. —Perdóname si te hice daño entrometiéndome. Perdóname por favor, no imaginé que esto llegaría a tal extremo. Solo sentí la necesidad de conocerte para poder comprenderte mejor.
Sabía que tal vez él no aceptaría mis disculpas, pero debía intentarlo. Si le había dañado en algún sentido, debía pedirle perdón, era algo esencial para mantener mi conciencia tranquila, aunque dudaba que lo estuviera en algún momento.
Volvió a mirarme, esta vez decepcionado. Sentí mi corazón encogerse y la presión me hizo retroceder unos pasos.
Su hermano notó mi nerviosismo.
—Ella no te obligó a nada —me defendió y la culpa que me estaba consumiendo creció hacia límites insospechados.
Chris no debería defenderme ante su hermano cuando era notable que yo era la responsable. Intervine cuando estaba a punto de continuar.
—No, esto es mi culpa —admití con la mayor seriedad posible, intentando no quebrarme. — No debí dejar que continuara, era algo muy personal.
En aquel momento sentí que todos estaban al pendiente de mí, tano dentro como fuera de la casa. Cerré los ojos para aliviar la sensación, pero no lo logré, solo lo intensificó.
Temí que alguien pensara mal de mí, que me había aprovechado de la vulnerabilidad de Matthew. Luego razoné y me avergoncé de haber dudado de mi familia, ellos nunca pensarían algo así, me conocían casi al completo.
Desee tener a Edward a mi lado, así tendría alguien en quien apoyarme y soportar la culpa y la vergüenza.
—Bella, he roto muchas promesas. —Suspiró, Matt — Creí que era fuerte, pero no lo soy. —inmediatamente levanté la mirada con el ceño fruncido. Era muy machista pensar que cuando un hombre lloraba perdía toda su fortaleza, su orgullo. Quise decirle algo pero, una vez más, las palabras no salieron de mis labios. —Ya no sé quien soy…
Y dicho esto, se marchó al bosque.
Me giré hacia Christopher, que se había quedado en silencio y con el rostro descompuesto, mirando hacia la dirección en que su hermano había huido.
No pude soportar el estar en un ambiente cargado de pena y sufrimiento. Acabé huyendo al bosque como Matthew lo había hecho minutos antes. Corrí hacia mi casa y me encerré a sollozar secamente en el dormitorio marital.
¿Cómo pude haber sido tan estúpida? ¿Acaso no me habían enseñado a mantener las narices fuera de asuntos ajenos?
Fui curiosa e irresponsable y ¿Qué había ganado con eso? Le había roto el corazón al nuevo miembro de nuestro clan, prácticamente obligándolo a revivir sus días más penosos.
Por primera vez, me sentí como un verdadero monstruo.

Aquí el nuevo capítulo.
¿Querían saber un poco sobre el pasado de los Caffrey? ¡Pues aquí tienen!
¿Les gustó, les dió pena, lloraron, gritaron, odiaron al padre de Matt? ¡Cuentenmelo todo en un COMENTARIO!
Pero les aclaro, esto es solo el comienzo de la historia de estos chicos, han pasado por peores. Estaba pensando hacer un minific-diario de Matt para que sepan al completo su historia. Este es un fic Edward/Bella y quiero mantenerlo así.
¿Les gusta mi idea?

domingo, 11 de marzo de 2012

CAP 21 - La casa del árbol


CAP 21 —La casa del árbol
Dos semanas habían pasado volando, el tiempo no alcanzaba ni para respirar aún cuando sabía que me esperaba la eternidad.
Lo único que habíamos estado haciendo era entretener a nuestra hija con su sinfín de juguetes y sus regalos nuevos. Rosalie jugaba todos los días —y a cualquier hora —a las muñecas con Nessie, mientras se turnaban con Alice para hacer de modelos. Cada mañana, la sala se convertía en una pasarela, ya que Renesmee se había empeñado en estrenar cada vestido nuevo. Claro que con la única condición de que fuera uno por día y no cada hora, como su tía había querido.
Y como era de esperar, cada uno tuvo su momento épico. Nunca olvidaré la tarde en que Quil Ateara cruzó la puerta con Claire de la mano.
…
—Bienvenidos sean los licántropos a esta casa por el resto de sus vidas. —suspiraba Edward con una sonrisa que me hizo estremecer, y no del buen sentido.
Estaba a punto de preguntarle que le sucedía cuando capté un singular… aroma. Licántropo. Mi delicado sentido del olfato me indicó que era Quil junto a alguien más, cuyo suave y floral efluvio provocó una sonrisa en mi rostro. Renesmee se pondría contenta cuando viera a su mejor amiga Claire que, aunque a simple vista parecía dos años menor que mi hija, compartían un lazo lo suficientemente fuerte como para romper la barrera de la relación vampiro—licántropo.
—Dios, este será un día estupendo. Estupendo… —dijo un muy alegre Edward, mientras se dirigía a la puerta de entrada.
Quil tenía una sonrisa similar a la de mi esposo, escondiendo algo. La niña contrastaba con él de la manera más obvia, pues en sus ojos y en su sonrisa no había más que inocencia pura.
—Hola, Bella —me saludó sacudiendo su manita —vine a jugá con Nessie.
A sus escasos cuatro años, aún no lograba pronunciar con claridad las R lo que preocupaba seriamente a su madre y tía. Según Carlisle, algunos niños tardaban más que otros en perfeccionar su pronunciación pero para la mamá de Claire no era nada normal y se cansaba de corregirle. Incluso hubo una época en la que la niña estaba tan cansada de que la corrigieran que dejó de hablar.
—Bajará de su habitación enseguida, cariño —le contesté a la vez que ponía un mechón rebelde de cabello detrás de su oreja.
Renesmee apareció en la sala al cabo de unos minutos, seguida de su tía Alice que cargaba su set de maquillaje aún sin estrenar. Probablemente terminarían con la cara pintarrajeada desprolijamente como yo a su edad, a menos que mi cuñada decidiera unirse al juego.
Sin embargo ese no era el plan y lo comprendí al segundo en que Jacob entró a la casa y todos se giraron a verlo con una sonrisa burlona.
—Quil, me lo cobraré con creces —le advirtió entre dientes al moreno.
Pero él no se sintió intimidado, al contrario, tomó prestada una silla para sentar a Jake y otras dos más pequeñas para las dos niñas.
—¿Quién quiere embellecer al tío Jake? —inquirió con demasiada efusividad.
Casi me caigo de espaldas de la impresión y no pude contener mi risa. Mi amigo me dedicó una mirada envenenada antes de rendirse al juego.
Minutos después, sus labios ahora de color carmín parecían doblemente grandes de tantas veces que intentaban emparejar el labial, sus ojos resaltaban por la sombra multicolor que aplicaron a su alrededor, sin mencionar los extraños círculos rosa oscuro en cada mejilla.
Edward parecía que en cualquier momento explotaría de tanto contener su diversión y Emmett… Oh Dios, Emmett estaba celoso de la atención que Jacob estaba recibiendo de Nessie. Sus celos llegaban a tal punto, que se ofreció a ser el nuevo modelo.
Él fue la mejor parte del día. Todos habíamos participado en su producción, a excepción de Carlisle y Esme que se limitaron a observar y tomar fotografías.
Al final del día parecía un… travesti. Le pusieron collares, aros a presión, pulseras e incluso un vestido que Alice improvisó usando un par de sábanas de seda. Emmett realmente se estaba divirtiendo al posar para las fotos. Él disfrutaba ver a su sobrina sonreír.
El amor nunca faltaba en la casa Cullen, era algo de lo que nunca me quejaría. La unidad de la familia era cada vez más estrecha, con la incorporación de Matt y Chris, los lazos entre parejas se habían afianzado aún más. Me pregunté si era un asunto de celos o de verdadera confianza.
Christopher continuaba consintiendo a mi hija, pasaban mucho tiempo juntos y yo comenzaba a acostumbrarme a aquello por lo que dejé de espiarlos. Lo más extraño es que de vez en cuando encontraba a Matthew mirándola con ternura. Sus ojos brillaban casi como los de Edward y me extrañó que su actitud huraña para con ella no era tan frecuente. Incluso se unía a sus juegos bajo la tensa mirada de su hermano.
Los ojos de Chris se opacaban cuando lo encontraba sonriendo, su ceño se fruncía y parecía apenado. Él tenía un secreto, uno que le causaba tanta vergüenza que no podía mirar a los ojos a Matt, y aunque me moría por saber de qué se trataba, prefería alejarme. Después de todo, sería demasiado descortés entrometerme en asuntos privados, si llegaba a averiguarlo sería por sus propios labios.
Edward también había notado aquellas miradas y raros comportamientos, pero ante la incapacidad de leer sus mentes, dejó de intentar averiguarlo aunque yo podía ver su preocupación.
—Amor, ¿Quieres ayudarme? —me preguntó él. Noté que llevaba unas enormes cajas apiladas en sus manos.
—¿Qué es todo eso, Edward? —Pero no respondió —¡Edward! —insistí mientras le seguía hacia el jardín trasero de la casa.
Pronto noté la gravedad de la situación y el porqué de su silencio.  En el sector junto al árbol del columpio, habían varias tablas de madera atadas junto a barandales de hierro y algunos accesorios.
—Oh, no. Edward Anthony Masen Cullen, pensé que habíamos quedado en que no guardarías más secretos. —le reproché. El cerró los ojos y tiró su cabeza hacia atrás conteniendo una sonrisa. —Se supone que deberías contarme todo y que las decisiones las tomaríamos juntos. ¿En que estabas pensando? —Esperé que respondiera, pero se quedó en silencio y no se atrevió a mirarme a los ojos —Sabes perfectamente que no me gustan los regalos lujosos ni que consientas demasiado a nuestra hija. Pues no se que sea eso pero no deberías haberlo comprado sin preguntarme primero.
Cuando se dignó a hacer contacto visual conmigo, su sonrisa se borró al notar lo realmente enfadada que estaba. Sus ojos suplicantes me confundieron por unos segundos, pero al estar tan acostumbrada a ellos logré apartar la mirada para que no me deslumbraran.
—Vamos, cariño. No es tan malo —susurró en mi oído luego de dejar a un lado las cajas en velocidad vampírica. Sentí sus brazos en mi cintura, aunque uno se desvió hacia mi espalda para trazar círculos. Suspiré.
—Edward… —le advertí, no por su bien sino por el mío ya que no me quedaba mucho autocontrol.
Me ignoró y continuó con su propósito.
—Es solo una simple casa del árbol —se excusó, como si eso fuera suficiente —. Todo niño debe tener una. ¿No te gustaría ver a Nessie jugar con Claire desde la ventana? Así tendría un poco más de privacidad, sabes que le incomoda estar rodeada de nosotros cundo está con su amiguita.
Era verdad, aunque me costaba admitirlo había veces en que Renesmee nos prefería lejos de ella. Esos momentos se hacían cada vez más frecuentes y no me gustaba para nada. Sabía que en algún momento tendríamos que lidiar con esto pero no pensé que faltaban unos años más y que esta etapa vendría con la adolescencia, no en su niñez.
No debería quejarme, ya que compartimos mucho tiempo juntos en familia en especial ahora que descubrimos que Nessie no necesita dormir tanto como los humanos. Pero era muy difícil ver que a tu hija de apenas un año de edad le incomodaba nuestra presencia cada vez que Claire venía a jugar, aunque a la niña no le importara en absoluto.
—Me preocupa, Edward. A ella no debería importarle —admití, aunque él ya sabía cómo me sentía respecto a eso.
—Lo sé. Yo también tengo miedo de perderla demasiado pronto.
Nos reconfortamos el uno al otro, aunque de poco servía pues seguiríamos angustiados por el rápido crecimiento de nuestra hija. El dolor en los ojos de mi esposo era evidente y habría hecho cualquier cosa para evitar verlos de nuevo.
Dicen que la infancia atesora los mejores momentos de la relación hijos—padres, yo lo había comprobado.
Cada día la miraba crecer, literalmente ya que de verdad cambiaba a diario aunque solo fuera evidente para nuestros sentidos vampíricos.
Cada vez que cepillaba su largo cabello, inspiraba su dulce aroma y temía que se desvaneciera.
Cada vez que sonreía, grababa su rostro en mi memoria o tomaba una fotografía para recordar lo hermosa que era toda la eternidad.
Cada vez que Jacob la visitaba, agradecía a Dios por destinarle a una persona tan buena, aunque me costara admitirlo.
Cada vez que me abrazaba y me decía cuanto me quería, deseaba congelarla y mantenerla para siempre como nuestra pequeña princesa.
Cada vez que los ojos de Edward brillaban al admirarla, rogaba a todos los cielos para que ese brillo nunca desapareciera.
Cada momento especial que teníamos los tres, lo escribía en el diario que él me había regalado, para asegurarme que nunca lo olvidaría.
Eran pequeños detalles que me hacían inmensamente feliz y desdichada al mismo tiempo. Yo no quería que nada cambiara, pero debía asimilar el hecho que ella no sería mi bebé para siempre. Algún día sería una bella mujer y no me necesitaría. Sé que es muy pronto para pensar en eso, pero no puedo evitarlo.
—Se lo que estás pensando —murmuró Edward, su voz me indicaba que él compartía mis pesares. —Pero no te preocupes. Ella va a amarnos siempre, no es como si fuera a abandonarnos por su independencia.
Tenía razón, ella siempre nos tendría en cuenta sin importar las circunstancias.
—Aún es pequeña —me limité a comentar.
Edward sonrió y me tomó de la mano para que le ayudara con la casa del árbol. Tomamos un ritmo lento, consumidos por nuestros pensamientos y al cabo de unas horas, nuestro trabajo estaba hecho. Ahora solo faltaba colocar algunos juguetes de Nessie dentro para que se entretuviera.
—Quedó bien —concluí. Admiré nuestro trabajo por unos segundos, hasta que me di cuenta de algo obvio, muy obvio. ¿Cómo se suponía que iban a subir? No habíamos añadido ninguna escalera. —Ehm… ¿Edward?
—Si, cariño. —contestó con su mirada fija en la casa del árbol.
—Creo que nos olvidamos de algo esencial.
Frunció el ceño y me miro confundido, pero solo unos segundos bastaron para que se diera cuenta.
—La escalera —bufó mientras rodeaba los ojos. —. Es una lástima, tenía la esperanza de que la estrenáramos hoy —Concordé con él y continuamos admirando la obra para buscar algún otro desliz. Se tensó y achicó los ojos, eso solo podía significar una cosa: tenía una idea. —Puedo conducir hacia Port Ángeles y estar de vuelta en unas horas. No creo que me tome mucho, si tengo suerte estaré de regreso luego que despierte de su siesta. —paró de repente y desvió su mirada. Abría y cerraba la boca pero sin pronunciar ni una palabra.
—Quieres que me quede ¿Verdad? —le sonreí.
—No me malinterpretes, pero necesito que mantengas a Nessie lejos de aquí. No debe ver la casita hasta que esté terminada. ¿Lo harías por mí, amor?
—Por ti, haría lo que sea.
Le vi sonreír y dedicarme una de esas sonrisas que desbordaban amor. Luego de besarme y prometer que no tardaría demasiado, abandonó la casa en el Volvo.
Me senté en el pasto, escuchando la respiración acompasada de Renesmee en el primer piso. Continuaba durmiendo y a juzgar por los latidos de su corazón, no se despertaría en un buen rato. El viento soplaba en mi rostro y supe que el invierno llegaría pronto por la temperatura del ambiente. Estaríamos a mediados de noviembre o tal vez a fines de octubre, no lo sé con exactitud ya que desde el comienzo de mi inmortalidad dejé de estar al pendiente del calendario. No dormimos nunca y no tenemos esa noción del fin y comienzo de un día, es simplemente la eternidad.
Mientras Esme arropaba a Nessie, escuché los típicos pasos de Matthew. Contuve un suspiro, no de frustración sino de nerviosismo. Edward aún no superaba su aversión contra él, por lo que me ponía nerviosa cuando la acortaba la cercanía.
—Es el sueño de todo niño —comentó, admirando la casa del árbol antes de sentarse a mi lado. —Buen trabajo.
Le sonreí en agradecimiento por el cumplido y rogué a los cielos que esta conversación se mantuviera en ese ámbito puramente amistoso.
—Tuve un refugio cuando era niño. No en un árbol sino en una zona alejada a la casa de mis padres. —Comenzaba a agradarme su charla, sin embargo no sabía que contestarle ya que nunca tuve un refugio. Mi nerviosismo no ayudaba en nada y me quedé en silencio. —Cuando algún problema me sobrepasaba, huía hacia el bosque y me encerraba en él. No salía hasta que me encontraba totalmente bien.
—No querías que los demás te vieran vulnerable ¿Verdad? —Levantó su mirada hacia mí, sorprendido porque le respondiera. Asintió.
No lograba imaginarme a un Matthew débil y quebrado. A simple vista parecía un hombre duro y seguro de sí mismo, era prácticamente imposible visualizarlo en una situación de desolación.
—Tal vez es una cuestión de orgullo. Pero mírame, soy la vanidad en persona —admitió con una sonrisa arrogante —En esos tiempos mi mentalidad era otra, mi padre nunca estaba y yo sentía que debía ser el hombre de la casa. Cuándo él nos abandonó le prometí a mi madre que sería fuerte para ella, y mostrar debilidad no era precisamente ser fuerte.
Se quedó en silencio por unos minutos, no podía ver sus ojos porque bajó la cabeza y miró al suelo sin ninguna expresión. No podía ver con claridad que era lo que sentía en ese mismo instante, pero pude notar que no la estaba pasando bien. Su espalda estaba encorvada y sus hombros caídos mostrando por unos segundos su tristeza, hasta que volvió a erguirse.
Me dio pena.
—Puedes contarme. Haré lo posible por entenderte —le prometí, con la esperanza de que me diera esa oportunidad.
—Mi madre se hundía en su propia miseria. Estaba muriéndose de depresión y yo no podía hacer nada al respecto. Chris tenía apenas ocho años y le afectó mucho ver como nuestra madre moría ante nuestros ojos. Era solo un niño. Juré que nunca lo dejaría solo, lo protegí de todo lo que pudiera hacerle daño pero no me di cuenta que me estaba destruyendo a mí mismo.
- - -OoO - - -oOo - - -OoO - - -oOo - - -
Perdón. No tengo mucho que decir porque estoy muy avergonada.
Ha pasado mucho tiempo desde que publiqué. No los merezco pero espero que no me odien.
Me gustaría leer sus comentarios.
Nada más. Nos vemos en el próximo capítulo. Los quiero mucho.

viernes, 22 de julio de 2011

♥ CAP 20 - Regalos ♥

CAPITULO 20
Regalos

Ya había anochecido cuando empezaron a irse. La fiesta había tomado un rumbo espectacular, marchó de maravillas y lo habían disfrutado.
Luego de algunos llantos, sollozos y sonrisas por la canción de Edward, el baile había sido la atracción principal de la celebración. Yo no estaba alejada de mi esposo por mucho tiempo, y Nessie correteaba con Claire por toda la casa. Obviamente contaban con la presencia de Quil a sus talones.
Matthew me sacaba a la pista cada vez que tenía una oportunidad, no me opuse ya que sus intenciones no me parecieron otras que no fueran un rato de baile. Al parecer Jasper no concordaba conmigo, porque me “rescataba” de sus manos al rato. Emmett solo se restregaba con Rosalie, como era de esperar o reía con mi incomodidad.
Hermanos celosos… lo único que me faltaba.
Carlisle y Esme solo se concentraban el ellos mismos, para el alivio de muchos. Desprendían ternura por cualquier lugar que pisaban.
Los lobos ignoraban a los vampiros presentes, en especial a los que no eran Cullen.
Cuando empezaron a retirarse, Nessie los sorprendió con su dulce despedida de un beso en la mejilla y un “Gracias por venir. Los quiero, vuelvan pronto” Una y otra vez, y otra y otra…
Esa misma noche, Emmett la convencía de abrir los regalos, a lo que rápidamente me opuse ya que, mirando la montaña de cajas, llegué a la conclusión que nos llevaría muchas horas. Además se la veía cansada, debía dormir, así que él mismo la llevó a su cuarto.
Tal era su emoción por los presentes que, me había hecho jurar que la despertaría temprano para hacer la exploración, y también probarlos a cada uno.
Me debatí en despertarla un poco temprano o si dejarla dormir hasta que se despertara solita.
Esa preocupación no duró mucho ya que antes de me decidiera ir por ella, se encontraba sentada en su cama colocándose sus botas negras.
—  Gracias mamá — gritó al verme en la puerta para luego salir corriendo. Unos segundos después, estaba de vuelta — tu también debes venir. Tío Emm, ya está sacando todos los regalos afuera.
Reí por su entusiasmo. Daba saltitos, eso lo había heredado de su tía Alice.
Volvió a correr para el patio trasero de la casa,  tropezando en algunos momentos.
“Genial, otra Bella que cuidar del piso” escuché la voz burlona de Emmett.
—  ¡Te escuché Emmett Cullen! — le advertí con un gruñido — no empecemos con eso de nuevo, no me apetece hablar de tu fuerza bruta.
Se carcajeó junto a Rose.
—  ¡Apresúrate mama! — gritó Renesmee
Me moví de inmediato hacia el lugar de encuentro, todos estaban a su alrededor con los ojos brillosos, conmovidos por mi hija.
Emmett tomó el primer regalo, un paquete inmenso que reconocí de inmediato. Era uno de nuestros regalos.
Rasgó el papel con sus manitas, frustrado por no poder hacerlo más rápido. Edward se le acercó y la ayudó, solo con acariciar el papel, la bicicleta ya estaba liberada.
—  ¡Una bici! — Canturreó, eufórica —  ¡Y es rosa! ¡Justo como quería!
Sabía que le encantaría, apenas la vimos nos dimos cuenta que sería perfecta para ella.
Miré a Alice, que parecía tan emocionada como su sobrina.
—  ¡Si, si, si! — chilló con sus típicos saltitos — ¡ven aquí, te enseño como usarla!
¿Alice…?
—  Aguarda un momento, Alice — intervino mi marido, antes de que siquiera lograra proferir una oposición — con Bella estábamos pensando que nosotros nos haríamos cargo de eso — le explicó con voz sosegada, mi cuñada hizo un puchero —  es nuestra parte, Ally, no te ofendas.
—  Tú lo harás con los ro… —  me callé a mi misma antes de revelar el próximo regalo — …con el otro regalo. — le dije, para tranquilizarla y darle protagonismo en el asunto.
Entendía que ella quisiera ser quien le enseñara a Nessie a andar en bici, pero a mi me parecía que era lo nuestro, aparte de desear formar parte de ese momento especial con todas las ganas.
En una ocasión, cuando era más niña, Reneé lo había hecho conmigo, y yo esperaba experimentarlo con mi hija, ya que ella parecía disfrutarlo… aunque con los años, el deseo de la maternidad había disminuidos, casi hasta restarle importancia.
—  De acuerdo — asintió con una mueca.
Antes de que termináramos de hablar, Renesmee intentaba subirse a la bicicleta sin éxito. Dejó de probar y nos miró con los brazos cruzados y con esos ojitos de cachorrito triste que me partía el alma.
Edward sonrió y le ayudó a montarse, me acerque a ellos.
—   Escucha, Nessie — comencé, reclamando su atención — agárrate fuerte de aquí. No así no, de esta manera — le indiqué, colocando correctamente sus manos en los manubrios — esta, es la palanca de frenos, debes poner estos dos deditos allí — también tuve que ayudarle en eso, imitando a mi madre en su tiempo — cuando lo presiones, la bici freneará, pero no lo hagas cuando vayas muy rápido porque puedes caerte. ¿De acuerdo?
Asintió, maravillada por cada cosa nueva que aprendía.
—  Ahora, para avanzar debes poner tus pies aquí — prosiguió mi esposo, palmeando los pedales — y girarlos. — Al ver que no conseguía girar, la impulsó manualmente — haz fuerza con las rodillas.
Logró hacerlo, pero no de la manera correcta.
—  Mira, mira papi. Ya puedo hacerlo — pero luego, una mueca se dibujó en su rostro —  ¡Pero no se mueve!
Todos rieron, divertidos. Pues la pequeña lo hacía de maravillas, aunque al revés.
—  Es que lo estás haciendo para el otro lado. — le dije — intenta hacia adelante.
Con un poco más de esfuerzo, logró avanzar unos metros sin problema alguno, hasta que empleó todas sus fuerzas para ir más deprisa.
La sonrisa que invadía mi rostro, fue desapareciendo al ver el ritmo peligroso que había tomado.
Hasta parecía que ella misma se había dado cuenta, ya que frunció el ceño y antes de minimizar la velocidad, apretó bruscamente el freno. No llegó a tocar el piso, ya que todos nos habíamos materializado a su lado para sostenerla. Diez pares de brazos se extendían hacia ella, pero solo dos habían llegado a tiempo para agarrarla.
No desconcertó a todos el dueño de aquellos brazos. Nada mas y nada menos que Matthew, el que se había comportado tan frío y reacio con Renesmee.
—  ¿No te dijo tu madre que no debías frenar de golpe? — le reprochó jadeante. En sus ojos brillaba la preocupación.
Estábamos en completo shock por la forma en que la sostenía y como su rostro se había descompuesto con el solo ver que se podía haber roto algo.
—  Ehm… —  intervine, rompiendo aquel incómodo silencio que se había formado — tenemos todo el tiempo del mundo para seguir practicando. — Edward abrió los ojos desmesuradamente y clavó su insistente mirada en Christopher. Tal era la intensidad, que entendí que era mejor no preguntar —  ¿Por qué no seguimos con el segundo regalo?
Nadie me tomó en cuenta hasta que Carlisle carraspeó.
Rogué porque le obedecieran y porque alguien nos sacara de este silencio sepulcral. La tensión se sentía en el ambiente como una espesa bruma en donde predominaban las miradas hostiles y preocupadas por parte de todos.
—  ¡Mi regalo es el que sigue! — Gritó una muy incómoda Alice — Ven Nessie, este es de tu tío Jazz y mío. Se que te va a encantar, cielo.
La apuró dándole pequeños empujoncitos en la espalda y chasqueándole los dedos en la cara de mi esposo cuando estuvo lo suficientemente cerca. Su reacción a “lo que sea que le pasó” había dejado un rastro imposible de no percatar en su rostro. Me resultaba aterrador…
Otra vez me centré en mi hija rompiendo los papeles, con el consuelo de que este era más pequeño.
—  ¡Rollers! — se entusiasmó, tirando del vestido de mi cuñada para que le enseñase de inmediato a usarlos. Esta aceptó gustosa, luego de la desilusión con la bicicleta.
Jazz se les unió para colocarle el juguete en los pies, aunque se le notaba su mirada ausente.
Sabía que ahora Chris y Matt contarían con su don sobre ellos.
—  No se que demonios sucedió allí — le dije a Edward, cuando se colocó nerviosamente a mi lado y me apretó con más fuera de la necesaria, descartando una simple muestra de cariño. Más bien, se parecía a una protección. — , pero no quiero saberlo.
Le confesé que no necesitaba estar al tanto, aunque la curiosidad me carcomía. No necesitaba arruinar este momento de mi hija con mis preocupaciones, además en algún momento me lo contaría.
Su cuerpo se relajó un poco, quizá porque pasó por su cabeza el que yo le insistiría en que me contase lo sucedido.
—  No puedo decírtelo — admitió entre dientes — aún no logro comprender lo que vi. Pero no hablemos de eso ahora. No cuando hay diez pares de orejas paradas dispuestas a escuchar… —  gruñó.
Olvidamos todo lo sucedido por unos momentos, para solo observar como nuestra hija no conseguía mantenerse de pie sin necesitar la ayuda de sus tíos.
Resbalaba con cada paso y eso me ayudó a distraerme.
Volví a convencerlos de que teníamos tiempo suficiente para perfeccionarlo, con tal de pasar al siguiente regalo y desarmar un poco la montaña de cajas.
El tercer obsequio me sorprendió y al mismo tiempo no.
Me sorprendió porque no podía concebir el que Emmett llegara a ser tan irresponsable después de los riesgos de la última vez.
Y no me sorprendió porque si ya lo había intentado en una ocasión, me esperaba que en algún momento lo volviera a hacer.
Un gran cuatriciclo en color plateado y magenta captó mi atención, cuando hizo el amague de subir a mi hija a semejante vehículo. Le reñí por supuesto, como era de esperar. Mi instinto maternal no ayudaba en mucho para él.
—  Pero Bells… —  suplicó por enésima vez — no va a pasarle nada. Mira que inteligente es, aprenderá a manejarlo muy rápido ya lo veras. Además mira su carita — levantó su mentó mientras Renesmee ponía su carita suplicante. Ellos dos estaban jugando sucio conmigo, sabían que no me podía resistir a esa perfecta carita. Sin embargo mi autocontrol pudo más. — hazlo por ella…
Le gruñí y él rodeó los ojos.
—  ¡No es no Emmett! — le repetí con mi tono autoritario, algo que había aprendido de Edward a lo largo de nuestra relación — Puede hacerse daño, es demasiado pequeña para subirse a esa monstruosidad. No puedo creer que seas tan imbécil como para pretender que ella lo maneje. — bufó y me hizo burla imitando mi habla.
—  ¡Pero qué amargada eres! — protesto
Luego de un rato de discutir, le permití que dieran unas vueltas. Siempre y cuando el se encargara de la conducción y Nessie se sentara delante de él, estando más segura. De cualquier modo, estábamos pendientes al asunto.
Mas tarde nos tocó abrazar a varios peluches. Y los había de cualquier tamaño, desde el clásico hasta el gigante.
Renesmee bautizó como “osito Emmett” a un oso gigante de color marrón claro. Rosalie no paró de reír mientras que el aludido no pudo evitar sonreír ante el honor de verse representado en uno de los regalos de su sobrina.
También hicimos de espectadores en la mini pasarela cuando mi hija se probaba todo su guardarropa nuevo. Incluso algunos disfraces.
La niña nos había insistido en que algunos debíamos jugar a ser paparazzis y tomarle fotos.
Se lucía con los vuelos, lentejuelas, canutillos, encajes, brillos y todo tipo de bijouterie.
No podía parar de sonreír como tonta. Pero ella me hacía sentir de esa forma, como una flor y la primavera.
—  ¡Es mi turno! — chilló Rose con los ojos brillando de una manera que solo reconocí en mi. Era el amor de una madre hacia una hija, ella la quería de esa forma y para mi estaba bien, hasta cierto punto en el que me ponía celosa — Mi regalo… —  alzó otra caja tan grande como la del cuatriciclo * — es parecido al de mi Emmett pero no tan peligroso — dijo, entrecerrando los ojos en la dirección de su esposo. — Espera, voy a ayudarte. Todavía hay que armarlo bien. — Renesmee miró intrigada a su segunda madre — Como se cuanto te gusta mi auto nuevo…
La caja roja decía “Formula 1”. ¿Cómo no lo supuse? Un auto juguete Ferrari.
¿Hasta dónde llegaba la obsesión Cullen por los vehículos?
Al menos este no era tan peligroso como el cuatriciclo de Emmett.
Se subió y dio unas cuantas vueltas con miedo. Luego se le sumó mi hermano oso con su cuatri y compitieron por quien iba más rápido, aunque esta vez Emmett no llevó un ritmo demasiado veloz como para ponerla en peligro.
Disfrutó el auto, que por cierto no tardó nada en manejar, hasta que se agotó la batería.
Rosalie salió con el Ferrari en la mano con una mueca, directo a cargarlo, mientras continuábamos con la ardua tarea que nos esperaba.
El regalo que seguía era sin duda uno de mis favoritos. Una hermosa casa de muñecas de madera, pintada de rosa y beige. Era preciosa en verdad, con todos los accesorios posibles, podría llamarse de ensueño.
De inmediato, aparecieron varias cajas con muñecas Barbie, las cuales fueron estrenadas apenas se abrieron sus cajas. Pasamos horas jugando.
¡Me hacía tan feliz verla sonreír de esa manera!
Noté la mirada de Edward para con ella, era amor paternal puro y sincero, devoción, admiración… y no pude evitar el sentirme orgullosa de él y de mi, al haberle dado aquella pequeñita de rizos cobrizos y ojos chocolate. Hacerlo feliz era lo que yo mas deseaba y lo hice con una razón mas para existir. ¿Podía sentirse una mujer tan plena y llena de dicha como yo lo estaba ahora?
Ya casi terminando con los presentes, nos entretuvimos un par de horas mas con un dance party** y un juego de karaoke. Para hacer el reto aún mayos, Emm logró conectarlos  a ambos para que cantásemos y bailáramos al mismo tiempo. ¡Fue épico!
Uno de mis favoritos fue cuando Jazz y Alice tuvieron que actuar California girls de Katy Perry; luego Rose y Ally con Diva de Beyoncé
En el momento en que la pantalla indicó “dúos” un presentimiento me dijo que eso no sería tan divertido. Obligaron a Rosalie a cantar She wolf junto a Jacob, nadie paró de reírse.
Fue incómodo cuando a Rosalie se le ocurrió hacer un dueto con Chris y les tocó Radar de Britney Spears. La rubia había actuado bastante seductora con el chico.
Nadie estuvo de acuerdo en su elección, por lo que lo sometieron a sorteo.
Para mi desgracia, mi nombre saltó con el de Matthew y me resigné a cantar Don’t you want me?. No fue precisamente la canción adecuada, pero tuve que fingir que no escuché a Edward rechinar los dientes.
Luego de ese “inconveniente” dejaron de lado el sorteo y Matt y Chris quedaron juntos en el juego.
Al notar a mi marido tenso, le pedí que compartiéramos una ronda l cual aceptó haciéndose el indiferente. Estuve agradecida al cielo cuando salió Need you Now en la pantalla. Después de todo lo que había pasado no me sorprendería que saltara una indeseada.
Anochecía cuando tomamos una caja plana, la cual contenía un set de maquillaje, íbamos a probarlo cuando nos percatamos de una nota de Quil.
“No prueben el maquillaje de inmediato. Claire quiere participar de la experiencia. Además se me ocurre una idea, apuesto a que Jake también desea unirse a la diversión (es como una venganza) Pero no le digan nada, por favor, es un secreto. Llámennos cuando sea la hora”
Al final terminé intercambiando mensajes de texto con el Quileute, entendiendo que se le antojaba ver a Jake maquillado y me contó su experiencia en el cumpleaños de Claire.
No se que pasaba por mi mente cuando acepté, solo hice la cita para el día siguiente.
Llegaba el turno de los dos últimos regalos, los mas pequeños de todos, pero sin duda los más especiales ya que uno de ellos se trataba del de Jacob.
En su momento, Edward tomó  la cajita forrada con terciopelo bordó y sacó una pequeña pulserita de oro. Delicada y hermosa.
En el frente decía “Renesmee” con una letra romántica y elegante. Del lado de atrás nos nombraba “Te amamos. Papá y mamá”. Nessie soltó unas lágrimas y pidió que se la pusiéramos, sin vacilar.
Era fascinante como algo tan pequeño lograba emocionarla.
Consiente que la mayor emoción sería la del último regalo, le indiqué a Jake que se acercara ya que se había puesto nervioso de repente.
“Que no te dé un ataque, Bella” — me había dicho.
No le entendí a que se refería hasta que tomó una cadenita de una caja rosa y se la extendió a Renesmee.
—  Es para ti — le susurró — para que me tengas presente siempre.
Ella lo abrazó estrechamente, mientras las lágrimas teñían sus, ahora sonrojadas mejillas.
Fue entonces cuando me percaté del dije, un pequeño lobo de madera como el que me había regalado a mi hace poco más de un año.
Solté un jadeo y todos me observaron.
—  Por favor, Bella — suplicó Jake tan bajo para que Renesmee no lograra escuchar con claridad — No lo tomes a mal. Es solo un símbolo de mi, como el que te obsequié ¿recuerdas?
Cerré los ojos con fuerza para dejar ir ese sentimiento de enojo. No tenía porque enfadarme, el tenía razón, era solo un símbolo de su presencia. Yo sabía que en algún momento iba a pasar.
Pero me resultaba más duro de lo que pensé.
- - -OoO - - - OoO - - - OoO - - - oOo - - - oOo - - -
No se con que cara vengo después de tanto tiempo, creanme que estoy muy avergonzada por haberles faltado tanto. 
No voy a darles excusas porque no tengo justificación.
Hice este capitulo un poco mas largo para que me perdonen, solo espero que les guste y me dejen comentarios si? Aviso que nos quedan solo cinco capítulos y LDL se termina.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...