martes, 30 de agosto de 2011

Los premios han comenzado!!

video

Así es como doy inicio a la celebración de este hermoso año que hemos pasado.
Un año compartiendo palabras, sueños, fantasías y algunos suspiros.
Gracias a los que me han acompañado y a los que se animaron a participar de los premios!!
Para ver la lista de nominados y sus blogs, hacer click aqué:
NOMINADOS
y para votar a tus favoritos aquí debajo:
A VOTAR!

viernes, 26 de agosto de 2011

Aniversario y premios Af-Twi


Hoy estoy feliz, casi mas que cualquier día (a exepción del de mis 15) y es que hoy cumplo exactamente un año desde que cree a mi bebe: este blog.
¿Pueden creerlo? Yo no. ¡Ya ha pasado un año!
Para hoy había hecho un video pero no puedo subirlo, no se porque, intentare hacerlo desde youtube, pero mientras tanto...
¡No puedo describir como me siento! Es un momento de felicidad y plenitud absoluta.
Esta será la semana completa de aniversario, prepararé bien una biografía del blog, menciones especiales, el concurso, agradecimientos, y los premios!!
Lamentablemente hoy no tengo mucho tiempo pero ahora comienzan los...
¡¡¡¡ PREMIOS AF-TWI !!!!
Es la hora de votar por sus autores favoritos!!!
Para ver los nominados y sus blogs, click aquí debajo:

Y para  votar aquí:

martes, 16 de agosto de 2011

♥ SFT - Capítulo 6 ♥


CAPITULO 6
El principio de nuestro destino... (completo)


… —Ella dejó de ser Bella…
“Dejó de ser Bella, dejó de ser ella”… palabras que resonaban en mi cabeza,  taladrando mi muerto corazón.
¿Podía un corazón congelado volver a latir y luego morir de amor?
¿Podía mi ser, sufrir aún mas?
Culpa… esa era la palabra. Pero no tan solo eso, sino porque no podía vivir sin ella.
“No puedo vivir en un mundo en el que tu no existas” le había dicho.
—¿Edward? —murmuró Ángela, sacándome de mis pensamientos —¿En que piensas?
“¿Que le sucede? Se ve realmente mal”
Me conmovió el hecho que por primera vez después de varias décadas, alguien se preocupara por lo que pasaba en mi cabeza.
—En que nunca tuve que haberme ido —le confesé sin siquiera pensarlo dos veces.
“Aún la quiere ¡Lo sabía! Si se veían el uno para el otro, en sus tiempos. Ojalá no sea demasiado tarde para que la recupere. Los dos se merecen…·
—Eso espero… —mascullé para mí mismo.
POV Mayree
Encendí el incienso y las velas como todas las mañanas, ví a mi sobrino rodar los ojos. Sabía lo que pensaba “Esa vieja loca con sus brujerías” Pero ser la líder espiritual de los Quileute no era ninguna broma, lamentablemente nadie me entendía.
Vivía con los Makaha antes de encontrar LaPush. Pude ver, en una de mis visiones algo catastrófico acerca de mi pueblo originario, por lo que no tuve mas remedio que huir de allí.
En esta reserva me acogieron como una integrante importante debido a mi conocimiento de su mitología, su “secreto”.
De repente un incómodo peso, cayó sobre mis párpados y una punzada atravesó mi cabeza.
Daniel, mi sobrino, preocupado por el gemido que profirió mi boca, me tomó del brazo y me obligó a recostarme. No entendía que me pasaba, pero hace días que me sentía de esta forma.
Un raro perfume, emanado por el incienso, penetró mi nariz haciéndome lagrimear por la quemazón que me atacó. Era demasiado fuerte, y nunca lo había sentido. Bueno, tal vez en una sola ocasión, sin embargo ya habían pasado años de aquello.
Sin dejarme buscar una explicación, caí en la inconsciencia y todo se volvió negro…
Una parte de mi conciencia luchaba por controlar mi cuerpo, pero la otra me sujetaba con tanta fuerza como si quisiera que me quedara en ese lugar.
Un extraño paisaje apareció ante mí.
Un bosque y una casa grande.
Sombras de personas… no podía ver sus rostros. Eran borrosos.
Pálidos… rodeados por una aureola de luz.
Una joven, preciosa morena de rostro peculiar y una sonrisa celestial.
Pero esa sonrisa no duró mucho… no podía verle los ojos, solo sus labios curvados hacia abajo. Una lágrima descendió hasta caer por su barbilla.
Un prado… jamás lo había conocido.
De nuevo un cuerpo borrón, pálido y brillante.
Se oyó un grito desgarrador… un alarido de sufrimiento y angustia.
La joven estaba sola ahora. Rodeada por… nada.
Todo dio un giro drástico cuando apareció un escenario demasiado normal, realista y… conocido. Era la pequeña sucursal de wall—mart en Forks, que no hace mucho que existía.
Otra vez apareció la morena, pero esta vez estaba diferente. Tan solo con verla de espalda podía darme cuenta que ya no era una joven, sino toda una mujer. De su mano colgaba un niño. Un querubín con su mismo color de cabello y tez de la piel.
De repente el niño desapareció y ella lo buscaba frenéticamente. Gritaba su nombre, pero yo no podía oírlo. Hice un enorme esfuerzo por mirar su rostro completo, pero no pude. Ella giraba su cabeza a tal velocidad que me era imposible siquiera intentarlo.
Aquella imagen del ser pálido y brillante, captó de nuevo mi atención. Parecía un hombre, sin embargo no podía ser real. Era totalmente sobrenatural… un fantasma.
Cerca del fantasma se hallaba el niño de la morena.
El pequeño se le acercó con lágrimas en sus ojos y el fantasma le abrazó.
Pero eso no era bueno. El ser pálido no estaba allí para ser bueno. El no podía traer mas que desgracias.
Sentí mi pecho aplastarse. Un peso horrible. Algo estaba por suceder…
“Todo está sucediendo de nuevo” escuché en el aire.
“No hay marcha atrás”
“El está aquí. Regresó por ella”
“Solo va a herirla”
Todos esos susurros en medio de la nada me exasperaban. La cabeza me mataba. Solo quería arrancarlos de una vez.
“Todo sucederá como la última vez, nada lo cambiará”
“Es el destino, es su complemento. No hay vida más allá de esto”
“Siempre fue así y así será”
“Curiosidad, desprecio, cariño, despecho, el olvido, memorias, heridas, el pasado y   el futuro en un sola persona. No existe el presente, siempre fue así”
—Solo soy yo, siempre lo fui… el único —me estremecía ante la voz del fantasma. Era casi humana, a pesar de aquella perfección. Esa entonación seducía, incitaba a seguirle —Lo lamento, pero ya he vuelto…
Mi corazón dio un brinco de mi pecho al ver a la morena caer inconsciente en los brazos de él.
Y pude verlo todo…
No era un fantasma, era la perfección en un cuerpo humano. Piel nívea, cabellos de oro y unos ojos… dorados como el sol. Y la morena… aquella mujer… era Isabella.
Volví a mi cuerpo después de tal epifanía. Me incorporé con un grito que sobresaltó a mi sobrino.
—¡Tía! ¡TIA! —exigió mi atención con la voz quebrada —¿¡Que ha sucedido!? No has parado de hablar en sueños, pero… cosas… ¡Demonios, me asustas tía!
Sus palabras me hicieron caer en la realidad.
Debía advertirle, debía protegerla, evitar lo que acababa de ver.
—Isabella… la joven Isabella —mascullé, con lo poco de voz que me quedaba. Daniel me observaba lleno de espanto. —¿¡Donde está?! ¿¡Donde?! —inquirí desesperada.
No quedaba mucho tiempo…
—Espera, tía. Por favor —me pidió, Dan aún con miedo en los ojos. —No se de que estás hablando.
—Debo encontrarla… —insistí
—¿A quien?
Corrí hacia la puerta con mi sobrino pisándome los talones.
El intentaba sujetarme para que me tranquilizara. Pero yo sabía que el tiempo se estaba agotando, y por mas fuerte y doloroso que resultaba, me zafé de su agarre.
Daniel gritaba mi nombre y pude escuchas sus pasos detrás de mi. No me giré, solo continué buscándola con la mirada. Todos los presentes me observaban intrigados.
Pregunté a uno por uno por su paradero, y nadie me daba la respuesta que quería escuchar.
Los miembros de la manada no se encontraban así que corría hasta la casa de Billy Black, esperando encontrar la solución por medio de él.
Apenas llegué, toque con demasiada efusividad su puerta. Al recibirme y verme tan alterada, me invitó a entrar y no pude hacerle entender que andaba con prisa. Obligada, acepté a sentarme en su comedor esperanzada de que eso me ayudara a líbrame mas deprisa si no insistía mucho.
Tragué en seco cuando me percaté de que haber venido hasta acá había sido en vano, pues no sabía nada de ella. Aparte del hecho de que no contaba con la ayuda de la manada Quileute.
Al parecer habían surgido unos inconvenientes con la tribu cercana, los Makaha y todos debieron ir al encuentro dejando solo al joven Brady a cargo de la seguridad de la reserva.
Mi desesperación aumentó cada segundo que pasaba sin obtener información acerca de Bella. No podía soportar esa sensación de que estaba en peligro.
Continué buscándola, hasta en casa de Emily, esposa del alfa de la manada. Ella tampoco supo ayudarme con mi problema.
Estaba a punto de contarle de que se trataba cuando recordé la última vez que le había advertido de una de mis visiones y solo pensó que estaba demente. En este lugar no se podía confiar en casi nadie.
Volví a mi punto de inicio, esperanzada de encontrarla caminando hacia su casa, pero no hallé mas que gente en su rutina diaria y un Daniel con el ceño fruncido y muy molesto.
—¡Mayree me has dado un susto de muerte! —me reprochó. Sabía que estaba muy enfadado puesto a que solo me llamaba por mi nombre en aquellas ocasiones. No tenía mas tiempo como para escuchar sus sermones de que soy una mujer de avanzada edad y hay muchos peligros.
—No entiendes, yo… —intenté explicarle
Me interrumpió con un bufido
—Lo que no entiendo, es como una mujer grande puede salir corriendo sin decirle nada a su sobrino, que por cierto es su responsable, y andar por ahí como loca tan despreocupadamente —exhaló con frustración y se tapó la cara con una mano —¿No sabes que me preocupo por ti? —rodeé los ojos, algo poco común en mi —Y porque me preocupas, voy a decirte que dejes de buscar a Bella porque se ha ido a comprar comestibles. Llevó a Tony, no hay porqué exasperarse porque están absolutamente bien. ¿Estás feliz?
Me quedé sin aliento por sus palabras, no podía respirar.
—¿Bbbella? —articulé a duras penas —¿Dde ccompras?
—Si, de compras —confirmó mis temores —cuando saliste echando diablos, gritando el nombre de Bella, le pregunté a todos si te habían visto. Dijeron que te dirigías a lo de Billy Black. Pensé que tal vez él te retendría un poco y decidí encontrar a Bella para que te quedaras mas tranquila, de paso te conseguiría un calmante. Entonces vi a Brady y supuse que el sería quien mejor pudiera ayudarme, no me equivoqué. —Sonrió con suficiencia, orgulloso de su intuición —Entonces, me contó que planeaba salir de compras para reponer víveres y el pequeño Tony se le colgó de las piernas. No se nada mas que eso.
Todo estaba dicho…
El destino no podía detenerse y yo no evitaría lo inevitable…
Solo rogué porque esto no tuviera consecuencias terribles.

Edward POV
—¡Demonios, Alice! ¡Solo dilo! —exasperé, luego de tanta súplica amable.
Por mas que se lo pedí con suaves palabras, mi hermana no quiso decirme nada.
Cansado de todas las suposiciones, las historias cortas e incompletas sobre la vida de Bella después del incidente, tan solo necesitaba un asentimiento de Alice. Tan solo una garantía de que todo lo que se oía era mentira.
No, no quería creerle cuando me dijo “ella es infeliz”. Mi Bella no merecía serlo, y para el colmo, nadie en este pueblo me podía decir con exactitud que había sucedido con ella.
Simplemente… desapareció.
Y la única persona que sabe toda la historia y se atrevería a contármela, me ignora por completo al momento en que se toca el tema. Pero aún no me daría por vencido, en algún momento la verdad llegaría a mis oídos, así tenga que hurgar en la mente de cada habitante de Forks.
—Si te lo digo lo echarás a perder, Edward —repitió por enésima vez —Todo a su debido tiempo. Te prometo que no falta mucho para que lo sepas por tus propios medios. —iba a continuar insistiendo cuando una tos, proveniente de su garganta, me distrajo. Lo habría dejado pasar, pero los vampiros no tosemos. Al menos naturalmente.
Sus ojos se perdieron en un punto fijo, y brillaron como nunca lo habían hecho en los últimos siete años.
Al clavar la mirada en su objetivo, me percaté de un niño moreno. Movía su cabeza hacia todos lados, frenéticamente; su rostro descompuesto y sus acciones daban a pensar que estaba perdido.
—Ahí está —oí murmuras para si misma a Alice. La notaba sorprendida y abrumada.
Intenté llamar su atención, pero no recibí ninguna respuesta. Ella estaba embobada en el pequeño.
Fue entonces que me percaté de algo importante. Algo muy inusual y que solo había experimentado una vez con un humano.
Su mente… no estaba bien.
Podía oírlo, pero segundos después ya no, hasta que volvía por un instante más. Decidí intentar otra técnica, no era normal el que cortara sus pensamientos espontáneamente.
Volví a concentrarme en la zona en la que se encontraba el niño y puse atención; guardé silencio y… nada. El no se había ido, por lo tanto no debería haber  ningún impedimento para usar mi don. Contrariado, fijé mi vista hacia el objetivo para comprobar inútilmente que no me equivocaba, seguía allí.
El silencio reinaba, como si el lugar se encontrara desierto.
No escuchaba siquiera un mediocre susurro.
Entonces me clavé en sus ojos, como último recurso y… ¡mierda! Quedé trabado en sus grandes orbes marrones. No solo ese clásico marrón, sino un hipnotizante color chocolate, el cual creía perteneciente de una sola persona.
Me percaté de que, inconscientemente caminaba hacia él. No recordaba el querer hacerlo, solo que mis pies se movían con una urgente necesidad cada vez más cerca del niño.
Era un ángel, un perfecto querubín moreno, de los que se leían en los libros de ficción. A diferencia que los ángeles no lloraban, y el se encontraba desconsolado con sus lágrimas cayendo por sus sonrosadas mejillas.
—¿Niño, estás bien? —no pude contenerme en preguntarle cuando estuve lo suficientemente cerca como para arrodillarme y estar cara a cara.
—Nno… —sollozó y se me rompió el corazón al verle de aquella manera.
Nunca en toda mi existencia, un pequeño lograba causar lo que él había hecho conmigo.
—¿Qué te sucede? —inquirí, mas desesperado de lo que debería. No entendí porque casi pude sentir un corazón palpitante en mi.
Los corazones muertos no laten” me reproché.
—Mmi mama —dijo con la voz quebrada —nno encuentro a mi mamá —rompió en un feroz llanto —Por favor, buen señor, ayúdeme a encontrarla.
Asentí de inmediato, no podía negarle nada. Y no comprendía el porqué me sentía extrañamente unido a él.
—Por favor, no llores —le pedí, contemplándolo con mi corazón cayéndose en pedazos. —Buscaremos a tu mamá. ¿Cómo te llamas?
—Anthony —respondió entrecortadamente debido a las pequeñas convulsiones que provocaba el llanto.
Su nombre me llamó aún mas la atención, pues tampoco era usual en Forks y coincidía con el mío.
Otra vez, me invadieron las ganas de consolarlo y abrazarlo.
—Tranquilo Anthony, llevaremos con tu madre de nuevo y estarás bien, ¿verdad Alice…? —al darme la vuelta, no encontré a mi hermana por ningún lugar. Habría salido en su búsqueda, pues su actitud era muy sospechosa. Sin embargo, le había prometido algo a Anthony.
Me explicó que se había alejado del mercado por perseguir a un ciervo que andaba suelto por las calles y que cuando quiso regresar, no reconoció el camino. Pues, sin darse cuenta, se había alejado demasiado.
El no lograba articular ni una frase con coherencia. Supuse que por el nerviosismo o por estar atemorizado.
En la mayoría del trayecto al mercado, le pregunté por el nombre de su madre y no supo responder puntualmente. No importaba, de todos modos la reconocería.
La describió como una mujer delgada y, de cabellos largos y castaños. No la detalló, y se preocupaba cada vez mas a medida que nos acercábamos a destino.
En cuanto estuvimos frente al nuevo local, me sostuvo de la mano sin importarle mi temperatura, tomando en cuenta que la de el era peculiarmente  cálida.
—Mi mamá… ¡mama! —gritó agitando la mano, llamando la atención de una persona.
Y fue entonces cuando la vi… y no lo pude creer.
¿Infeliz?
Era ella, mi Bella. O tal vez ya no era mía…

domingo, 7 de agosto de 2011

♥ MADMP - Capítulo 6 ♥



Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es de Lynne Graham. Yo solo me dedico a adaptarla a nuestra tan amada saga.
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Capítulo 6
Mis dudas y tu sinceridad

El oficial se presentó como Mike Newton y sa­ludó a Edward con una amable disculpa por su intrusión. Mike era el oficial superior de la persona que ha­bía preparado el informe sobre los tratos de James Gigandet con los constructores que se iban a encargar de construir los chalets. Al parecer, tras recibir lo que se les debía a través de un representante de Edward, habían decidido retirar la denuncia. Sin embargo, el oficial consideraba que no estaría bien permitir que un extranjero deshonesto se librara de ser sometido al proceso judicial que merecía.
—Nunca ha sido mi pretensión que ese fuera el resultado —dijo Edward.
—En ese caso, debo pedirle que persuada a las víc­timas de la estafa para que no retiren la denuncia. Solo quieren hacerlo por respeto al nombre Cullen, pero, dadas las circunstancias, un hombre de negocios de su reputación no tiene nada que ocultar o temer.
Mientras tomaban un té, Edward explicó a Mike Newton el resto de la historia. Tras ponerle al tanto de la presencia de Bella en Turquía y de la completa ignorancia de esta sobre las actividades fraudulen­tas de su cuñado, le relató todo lo que había sufrido su familia a causa de este.
—Se enfrenta a la ruina por culpa de Gigandet —concluyó con pesar—. La familia Swan nunca de­jará de lamentar el día en que la hermana de Bella se casó con ese tipo.
—¡Incluso se han quedado sin casa! El padre co­metió un terrible error al confiar tan ciegamente en su yerno —dijo Mike a la vez que hacía un expresivo gesto con las manos—. Sin embargo, ¿quién no de­sea fiarse totalmente de un miembro de su familia?
—Si quiere hablar con Bella, le agradecería que es­perara hasta mañana. Ya se ha retirado a dormir.
—Supongo que la joven debe estar terriblemente afligida por todo lo que ha averiguado desde su llegada. De momento, no veo motivos para molestar­la. Sin embargo, si la situación cambia, sabré dónde encontrarla.
Cuando el oficial se fue, Edward volvió al dormito­rio, donde encontró a Bella profundamente dormida. Tenía un aspecto tan encantador que, de no saber lo agotada que estaba, tal vez se habría sentido tentado a despertada de nuevo. Había puesto su honor en juego para que, a pesar de que figuraba en los pape­les como directora de la agencia, no apareciera de ningún modo asociada a las actividades fraudulen­tas de su ex cuñado. Y lo había hecho gustoso. En compensación, Bella debía explicarle qué estaba ha­ciendo en aquel hotel con Gigandet tres años atrás y, sobre todo, porque había elegido mentir al respecto. Necesitaba aclarar de una vez por todas, la única duda que le quedaba sobre ella.
Hacia el amanecer, tras un largo y reparador sue­ño, Bella abrió los ojos y vio a Edward sentado en el alféizar de una ventana, con la pierna extendida y la mirada fija en ella.
—¿Qué sucede? —preguntó, inmediatamente consciente de su tensión.
—No podía dormir. Me ronda la cabeza algo que siempre he querido preguntarte.
Bella parpadeó mientras él se acercaba a la cama.
—Aún no estoy totalmente despejada... pero ade­lante
—En cierta ocasión, te vi saliendo de un hotel con el marido de tu hermana.
Desconcertada por las palabras de Edward, Bella se puso pálida al recordar aquella desagradable experiencia.
—¿Pero cómo pudiste verme?
—Mi contable estaba alojado en el mismo hotel aquel fin de semana y yo acababa de dejarlo allí.
Estaba en el aparcamiento cuando te vi entrar y es­peré a que salieras...
—Si me viste, ¿por qué no lo mencionaste? —pre­guntó Bella, cada vez más perpleja y molesta—. ¿Por qué no te acercaste a mí?
—Sin embargo, aseguraste que no habías salido de la agencia en toda la mañana—concluyó Edward, ignorando su interrupción.
—¡De manera que te sentaste a observar sin ad­vertirme que estabas allí! —espetó Bella sin ocultar su irritación—. ¡Y luego me hiciste contarte una mentira inofensiva!
—¡Deberías haberme contado la verdad! —replicó Edward, molesto por el hecho de que Bella se atreviera a cuestionar su comportamiento cuando era el de ella el que estaba siendo cuestionado.
Bella apartó las sábanas y salió de la cama.
—¿Acaso no has mentido nunca en tu vida para evitar una situación embarazosa?
La mirada de Edward se endureció.
—Estás evadiendo la cuestión...
—¡Por lo que a mí respecta, la verdadera «cues­tión» es tu total falta de decencia al ponerme una trampa como esa! ¿Qué me dices de la confianza? ¿y de la sinceridad?
—No te mostraste digna de mi confianza —dijo Edward con un desprecio que para Bella fue como un latigazo.
Al ver que él bajaba la mirada hacia sus pechos y darse cuenta de que estaba desnuda, Bella se cruzó de brazos a la defensiva.
—¡No me digas! —replicó en tono sarcástico. —¡Explícame por qué motivo tuviste que decirme esa mentira! —espetó él.
Los labios de Bella se comprimieron en una tensa línea. Aquel día, tres años atrás, hizo lo que hizo por cubrir las apariencias. Prefirió mentir a admitir que su supuestamente feliz familia estaba muy lejos de ser lo que parecía.
—James tenía una aventura —admitió con una amargura que hizo que Edward la mirara con más atención—. Y no era la primera. Desafortunada­mente, aquel día Alice estaba desesperada por encontrado porque Irina había sido ingresada urgentemente en el hospital y no lograba locali­zado en su teléfono móvil. Pero yo tenía una idea bastante acertada de dónde estaría. ¡El cotilleo local sugería que siempre llevaba a sus amantes al mismo hotel!
—¿Me estás diciendo que mientras tú y los demás sabíais que James era un mujeriego, Alice no estaba al tanto de nada y decidisteis protegerla manteniéndola en la ignorancia?
Bella alzó la barbilla con gesto desafiante.
—¿Y por qué no?
—¡Porque así también protegías al miserable de tu cuñado!
Bella miró a Edward con auténtica furia por haberla atacado. La inquebrantable creencia de su padre de que lo sucediera en el matrimonio de Alice no era asunto suyo había sido el primer eslabón de la cade­na que la había obligado a guardar el secreto.
—¡Yo no pretendía defender a James! Irina es­taba llorando porque quería ver a su padre... ¡Eso era lo único que me preocupaba aquel día!
—¿Y por qué tardaste tanto en salir del hotel con Gigandet? —preguntó Edward con dureza.
—Porque hice que llamaran a su habitación desde recepción y nadie contestó —explicó Bella—. Fui al bar y al restaurante, pero James no estaba allí. No quería subir a su habitación, pero al final no me quedó más remedio que ir a llamar a su puerta.
Edward consideró aquel relato bastante asombroso, por no calificarlo directamente de irreal. Sin embargo, Bella lo había narrado como si no hubiera tenido otra opción. Podría haber creído que hubiera elegi­do permanecer en silencio la primera vez que se ha­bía visto enfrentada a la infidelidad de su cuñado, pero pretender que creyera que había pasado por alto más de una aventura y que se había rebajado a ir a buscar a Gigandet en el lugar en que estaba perpetrando su adulterio ya era demasiado. Pero era evidente que Bella no veía nada extraño en lo que acababa de confesar. Sin embargo, advirtiendo a Gigandet había protegido la situación de él en el cír­culo familiar y había evitado que sufriera las consecuencias de sus actos.
—¿Por qué no me dices de una vez toda la ver­dad? ¡Estabas enamorada de James Gigandet!
Al oír aquello, Bella se quedó horrorizada.
—¿Cómo puedes acusarme de algo así?
—Es la única explicación que tiene sentido des­pués de lo que me has contado —replicó Edward—. ¡Me voy al hamam antes de que me vuelvas completa­mente loco!
¿El hamam? Los baños, recordó Bella distraída­mente, el gran edificio abovedado que había en el patio y que había supuesto que ya no se usaba. Edward salió dando un portazo y ella se llevó una tembloro­sa mano a la frente.
«Estabas enamorada de James». Se estremeció al pensar en las palabras de Edward. ¡Qué bien había he­cho no contándole el desagradable trato que había tenido que soportar de James hasta que se había ido de casa!
Pero lo que más asombrada la tenía era el papel que Edward había desempeñado en lo sucedido tres años atrás. Aquel mismo día, después de haberla visto en el hotel, después de que ella le hubiera mentido, lo llevó al aeropuerto y nunca más volvió a tener noticias suyas. ¿Sería posible que Edward la hubiera dejado a causa de aquella mentira? Una tor­menta de emociones agitó su pecho al pensar aque­llo: rabia, intenso pesar, frustración... ¿Tan difícil era comprender que no había tenido otra opción?
No estaba dispuesta a permitir que Edward se refu­giara en aquellos momentos en el hamam, donde sin duda creía que iba a dejarlo en paz. Se puso rá­pidamente la bata y salió del dormitorio.
Cuando entró en el edificio en que suponía que estaban los baños se encontró en un opulento ves­tuario con duchas, cubículos para cambiarse y va­rias estanterías con toallas. Se quitó la bata, se en­volvió en una toalla y salió a la piscina cubierta.
Mientras se fijaba en una toalla abandonada en el suelo, junto al borde, la oscura cabeza de Edward rompió la superficie del agua. Nadó hacia las esca­leras y salió de la piscina, desnudo, magnífico. Luego, tomó la toalla sin darse cuenta de la presencia de Bella.
Ella sintió que la boca se le hacía agua mientras lo miraba. Intensamente ruborizada, vio cómo se abultaban los flexibles músculos de sus brazos mientras se secaba el pelo.
—¿Edward...? —susurró, sintiendo que la vergüenza sustituía al enfado y la frustración que le habían he­cho seguirlo hasta allí.
Él no había oído en toda su vida una voz de mu­jer en el hamam, y no ocultó su sorpresa. Era posi­ble que algunos turistas estuvieran dispuestos a ba­ñarse en grupos mixtos, pero sus compatriotas eran mucho más inhibidos y jamás soñarían en usar una casa de baños junto con alguien del sexo opuesto.
—¿Qué haces aquí? —preguntó a la vez que rodea­ba su cintura con la toalla.
—Necesitaba hablar contigo sobre lo que has di­cho... y explicarme.
—¿Y eso no podía haber esperado?
Bella decidió ignorar la pregunta.
—En una ocasión te mentí, pero quiero que com­prendas cuál era la situación por aquel entonces. La primera vez que. vi a James con otra mujer solo tenía quince años. Se lo conté a mi padre, pero este me dejó bien claro que no quería saber nada y se enfa­dó mucho conmigo.
Desconcertado por lo que acababa de oír, Edward se acercó a ella.
—¿Contigo? ¿Tu padre se enfadó contigo? ¿Pero cómo pudo enfadarse contigo?
—Piensa en cómo eran las cosas en mi familia por entonces. A papá siempre le había caído bien James, y confiaba en él. Ya les había cedido su casa a Alice y a él, y había permitido que James se fuera responsabilizando cada vez más de la agencia...
—Tu padre temía que se hundiera el barco —dijo Edward, comprendiendo al instante por qué había adoptado aquella actitud el padre de Bella.
—Papá opinaba que su matrimonio y lo que suce­diera en él era asunto privado —Bella no pudo conte­ner un sollozo—. Puede que hasta cierto punto tuvie­ra razón, porque Alice era feliz con James. Lo adoraba y pensaba que era perfecto... ¡pero él nunca le fue fiel!
Molesto por no haber apreciado la complejidad de la situación, y por el hecho de que Bella se hubie­ra visto expuesta a las miserables costumbres de Gigandet cuando aún era tan joven y vulnerable, Edward pasó un brazo por sus hombros para manifes­tarle su apoyo. Bella se había visto envuelta en un sórdido secreto familiar y le habían dicho que per­maneciera en silencio. Que su padre le hubiera he­cho soportar aquella carga escandalizó a Edward, pero que Bella hubiera seguido respetando ciegamente la prohibición de mencionar el tema cuando ya tenía veintiún años, y que incluso hubiera sido capaz de mentirle para proteger a James, seguía resultándole preocupante.
—Fue horrible compartir la casa con él sintiéndo­me culpable por lo que sabía y por lo que Alice no sabía. Llegué a odiar intensamente a James, y cuan­do empecé mis estudios en la universidad, apenas iba a casa para no estar cerca de él —de pronto, Bella se apoyó contra Edward y comenzó a sollozar de modo incontenible.
Edward estaba a punto de preguntarle que, si aquello era cierto, por qué antes de conocer a su familia, y antes de saber quién era Gigandet, había visto a este en una ocasión saliendo de su apartamento en Londres. Sin duda, aún había algunas pequeñas inconsisten­cias que aclarar, pero no podía dudar del genuino do­lor que había causado a Bella con sus acusaciones.
—Lo siento —dijo ella con voz temblorosa—. Sien­to haberte mentido...
Edward tomó su rostro entre las manos.
—Ahora ya no importa, y ese miserable de Gigandet no merece tus lágrimas —dijo, a la vez que frotaba delicadamente las mejillas de Bella con sus pulgares.
En un instante, sin poder contenerse al tenerla tan cerca, reaccionó con todo el fuego de su apasio­nado temperamento. Pasó una mano tras su cabeza, la atrajo hacia sí y la besó con tal intensidad, que ella dejó escapar un gritito de sorpresa.
—No puedo resistirme a ti... —murmuró contra su boca—. Te miro y siento que un incendio devora mi cuerpo.
Aquellas palabras bastaron para que un deseo re­pentino e incontenible se apoderara de Bella, que no protestó cuando la hizo tumbarse allí mismo, en el suelo y, sin dejar de besarla, retiró a ambos lados de su cuerpo la toalla con que se había envuelto.
Temblando, vio que la ardiente mirada de Edward descendía hasta detenerse en sus pechos, cuyos pezones parecían buscar con descaro sus caricias.
Como si hubiera leído el mensaje que estos le en­viaban, él inclinó lentamente la cabeza y deslizó la lengua sobre uno de ellos a la vez que con una mano separaba los muslos de Bella para acariciarla dónde tanto estaba deseando ella que lo hiciera.
La excitación se apoderó de ella en una oleada de tal intensidad, que a partir de aquel momento no supo lo que hacía. Edward siguió acariciándola a su antojo, hasta que la conciencia de Bella quedó exclusivamente centrada en las increíbles sensaciones que su cuerpo era capaz de alcanzar. Cuando un de­vastador clímax se apoderó de ella y la elevó hasta cimas inconcebibles de placer, un prolongado y gu­tural gemido escapó de su garganta a la vez que se aferraba a Edward, extasiada. Solo después se dio cuenta, avergonzada y confundida, de que había al­canzado aquella maravillosa cima sin que Edward le hubiera hecho el amor, y que todo el placer había sido exclusivamente suyo.
—¿Por qué...? Quiero decir... —murmuró mientras tomaba frenéticamente los bordes de la toalla para cubrirse.
Edward apartó un mechón de pelo de su frente.
—No podía protegerte... y no quería correr el riesgo de dejarte embarazada —admitió con la respi­ración entrecortada, pues incluso la perplejidad de Bella ante el hecho de que se hubiera contenido era más de lo que podía soportar su conciencia en aque­llos instantes—. Vuelve al dormitorio y duérmete, güzelim. Hablaremos más tarde.
Al oír aquella referencia al embarazo, Bella se puso tensa y comprendió que debería haber tenido el suficiente sentido común como para haber pensa­do en aquello.
Se levantó con ayuda de Edward y, sintiendo los miembros aún completamente flojos, volvió al vestidor sin mirar atrás. Edward la hacía sentirse como una descocada. Le había hecho comprender que no se había conocido a sí misma hasta que él le había enseñado lo que era la pasión.
Muy serio a causa de la gravedad de unos pensa­mientos que ya no podía evitar, Edward se sumergió de nuevo en la piscina. Desde la llegada de Bella a su país se había comportado como un auténtico egoísta y la había tratado de una forma totalmente irresponsable. La había llevado a Sonngul y la ha­bía metido en su cama prácticamente de inmediato y sabía que, muy pronto la mitad del vecindario es­taría escandalizado por las noticias. El nivel de mo­ralidad que prevalecía en las zonas rurales de su país era mucho más estricto que el de las ciudades en que él solía moverse, y no tenía ninguna excusa que ofrecer en su defensa. Si el rumor de sus rela­ciones con Bella llegara a oídos de Mike Newton, esta­ba convencido de que este dejaría de creer de inme­diato en la respetabilidad de esta.
Edward cuadró sus anchos hombros y salió de la piscina. El enfado que había sentido hacia Bella ha­bía potenciado inicialmente su actitud agresiva, y su deseo por ella lo había llevado a tomar un sende­ro deshonroso antes de darse cuenta del mal que es­taba haciendo. Solo había una manera de rectificar las cosas y de proteger a Bella: se casaría con ella. Con toda la celeridad y discreción que pudiera ofre­cerle su dinero, pondría un anillo de bodas en su dedo antes de que su reputación resultara dañada. Bella merecía su respeto y la protección que podía ofrecerle su nombre.

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Mi gente mosha, estoy de vuelta, y con un nuevo capi.
Cabe decir que amo a Lynne Graham y que los amo a ustedes que están ahi, lo se. Algunos no dejan comentarios pero se que estan ahi porque las estadísticas me lo hacen saber.
Solo espero que no me abandonen si es que me demoro en la publicacion. Esque tengo unos problemitas que me dejan bajoneada al no solucionarse facilmente. Luego les contaré.... solo hagnme saber si las decepciono
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lunes, 1 de agosto de 2011

♥ SFT - Capítulo 6, Parte 1 ♥

 CAPITULO 6
El principio del destino

… —Ella dejó de ser Bella…
“Dejó de ser Bella, dejó de ser ella”… palabras que resonaban en mi cabeza,  taladrando mi muerto corazón.
¿Podía un corazón congelado volver a latir y luego morir de amor?
¿Podía mi ser, sufrir aún mas?
Culpa… esa era la palabra. Pero no tan solo eso, sino porque no podía vivir sin ella.
“No puedo vivir en un mundo en el que tu no existas” le había dicho.
—¿Edward? —murmuró Ángela, sacándome de mis pensamientos —¿En que piensas?
“¿Que le sucede? Se ve realmente mal”
Me conmovió el hecho que por primera vez después de varias décadas, alguien se preocupara por lo que pasaba en mi cabeza.
—En que nunca tuve que haberme ido —le confesé sin siquiera pensarlo dos veces.
“Aún la quiere ¡Lo sabía! Si se veían el uno para el otro, en sus tiempos. Ojalá no sea demasiado tarde para que la recupere. Los dos se merecen…·
—Eso espero… —mascullé para mí mismo.

POV Mayree
Encendí el incienso y las velas como todas las mañanas, ví a mi sobrino rodar los ojos. Sabía lo que pensaba “Esa vieja loca con sus brujerías” Pero ser la líder espiritual de los Quileute no era ninguna broma, lamentablemente nadie me entendía.
Vivía con los Makaha antes de encontrar LaPush. Pude ver, en una de mis visiones algo catastrófico acerca de mi pueblo originario, por lo que no tuve mas remedio que huir de allí.
En esta reserva me acogieron como una integrante importante debido a mi conocimiento de su mitología, su “secreto”.
De repente un incómodo peso, cayó sobre mis párpados y una punzada atravesó mi cabeza.
Daniel, mi sobrino, preocupado por el gemido que profirió mi boca, me tomó del brazo y me obligó a recostarme. No entendía que me pasaba, pero hace días que me sentía de esta forma.
Un raro perfume, emanado por el incienso, penetró mi nariz haciéndome lagrimear por la quemazón que me atacó. Era demasiado fuerte, y nunca lo había sentido. Bueno, tal vez en una sola ocasión, sin embargo ya habían pasado años de aquello.
Sin dejarme buscar una explicación, caí en la inconsciencia y todo se volvió negro…
Una parte de mi conciencia luchaba por controlar mi cuerpo, pero la otra me sujetaba con tanta fuerza como si quisiera que me quedara en ese lugar.
Un extraño paisaje apareció ante mí.
Un bosque y una casa grande.
Sombras de personas… no podía ver sus rostros. Eran borrosos.
Pálidos… rodeados por una aureola de luz.
Una joven, preciosa morena de rostro peculiar y una sonrisa celestial.
Pero esa sonrisa no duró mucho… no podía verle los ojos, solo sus labios curvados hacia abajo. Una lágrima descendió hasta caer por su barbilla.
Un prado… jamás lo había conocido.
De nuevo un cuerpo borrón, pálido y brillante.
Se oyó un grito desgarrador… un alarido de sufrimiento y angustia.
La joven estaba sola ahora. Rodeada por… nada.
Todo dio un giro drástico cuando apareció un escenario demasiado normal, realista y… conocido. Era la pequeña sucursal de wall-mart en Forks, que no hace mucho que existía.
Otra vez apareció la morena, pero esta vez estaba diferente. Tan solo con verla de espalda podía darme cuenta que ya no era una joven, sino toda una mujer. De su mano colgaba un niño. Un querubín con su mismo color de cabello y tez de la piel.
De repente el niño desapareció y ella lo buscaba frenéticamente. Gritaba su nombre, pero yo no podía oírlo. Hice un enorme esfuerzo por mirar su rostro completo, pero no pude. Ella giraba su cabeza a tal velocidad que me era imposible siquiera intentarlo.
Aquella imagen del ser pálido y brillante, captó de nuevo mi atención. Parecía un hombre, sin embargo no podía ser real. Era totalmente sobrenatural… un fantasma.
Cerca del fantasma se hallaba el niño de la morena.
El pequeño se le acercó con lágrimas en sus ojos y el fantasma le abrazó.
Pero eso no era bueno. El ser pálido no estaba allí para ser bueno. El no podía traer mas que desgracias.
Sentí mi pecho aplastarse. Un peso horrible. Algo estaba por suceder…
“Todo está sucediendo de nuevo” escuché en el aire.
“No hay marcha atrás”
“El está aquí. Regresó por ella”
“Solo va a herirla”
Todos esos susurros en medio de la nada me exasperaban. La cabeza me mataba. Solo quería arrancarlos de una vez.
“Todo sucederá como la última vez, nada lo cambiará”
“Es el destino, es su complemento. No hay vida más allá de esto”
“Siempre fue así y así será”
“Curiosidad, desprecio, cariño, despecho, el olvido, memorias, heridas, el pasado y   el futuro en un sola persona. No existe el presente, siempre fue así”
—Solo soy yo, siempre lo fui… el único —me estremecía ante la voz del fantasma. Era casi humana, a pesar de aquella perfección. Esa entonación seducía, incitaba a seguirle —Lo lamento, pero ya he vuelto…
Mi corazón dio un brinco de mi pecho al ver a la morena caer inconsciente en los brazos de él.
Y pude verlo todo…
No era un fantasma, era la perfección en un cuerpo humano. Piel nívea, cabellos de oro y unos ojos… dorados como el sol. Y la morena… aquella mujer… era Isabella.
Volví a mi cuerpo después de tal epifanía. Me incorporé con un grito que sobresaltó a mi sobrino.
—¡Tía! ¡TIA! —exigió mi atención con la voz quebrada —¿¡Que ha sucedido!? No has parado de hablar en sueños, pero… cosas… ¡Demonios, me asustas tía!
Sus palabras me hicieron caer en la realidad.
Debía advertirle, debía protegerla, evitar lo que acababa de ver.
—Isabella… la joven Isabella —mascullé, con lo poco de voz que me quedaba. Daniel me observaba lleno de espanto. —¿¡Donde está?! ¿¡Donde?! —inquirí desesperada.
No quedaba mucho tiempo…
—Espera, tía. Por favor —me pidió, Dan aún con miedo en los ojos. —No se de que estás hablando.
—Debo encontrarla… —insistí
—¿A quien?
Corrí hacia la puerta con mi sobrino pisándome los talones.
El intentaba sujetarme para que me tranquilizara. Pero yo sabía que el tiempo se estaba agotando, y por mas fuerte y doloroso que resultaba, me zafé de su agarre.
Daniel gritaba mi nombre y pude escuchas sus pasos detrás de mi. No me giré, solo continué buscándola con la mirada. Todos los presentes me observaban intrigados.
Pregunté a uno por uno por su paradero, y nadie me daba la respuesta que quería escuchar.
Los miembros de la manada no se encontraban así que corría hasta la casa de Billy Black, esperando encontrar la solución por medio de él.
Apenas llegué, toque con demasiada efusividad su puerta. Al recibirme y verme tan alterada, me invitó a entrar y no pude hacerle entender que andaba con prisa. Obligada, acepté a sentarme en su comedor esperanzada de que eso me ayudara a líbrame mas deprisa si no insistía mucho.
Tragué en seco cuando me percaté de que haber venido hasta acá había sido en vano, pues no sabía nada de ella. Aparte del hecho de que no contaba con la ayuda de la manada Quileute.
Al parecer habían surgido unos inconvenientes con la tribu cercana, los Makaha y todos debieron ir al encuentro dejando solo al joven Brady a cargo de la seguridad de la reserva.
Mi desesperación aumentó cada segundo que pasaba sin obtener información acerca de Bella. No podía soportar esa sensación de que estaba en peligro.
Continué buscándola, hasta en casa de Emily, esposa del alfa de la manada. Ella tampoco supo ayudarme con mi problema.
Estaba a punto de contarle de que se trataba cuando recordé la última vez que le había advertido de una de mis visiones y solo pensó que estaba demente. En este lugar no se podía confiar en casi nadie.
Volví a mi punto de inicio, esperanzada de encontrarla caminando hacia su casa, pero no hallé mas que gente en su rutina diaria y un Daniel con el ceño fruncido y muy molesto.
—¡Mayree me has dado un susto de muerte! —me reprochó. Sabía que estaba muy enfadado puesto a que solo me llamaba por mi nombre en aquellas ocasiones. No tenía mas tiempo como para escuchar sus sermones de que soy una mujer de avanzada edad y hay muchos peligros.
—No entiendes, yo… —intenté explicarle
Me interrumpió con un bufido
—Lo que no entiendo, es como una mujer grande puede salir corriendo sin decirle nada a su sobrino, que por cierto es su responsable, y andar por ahí como loca tan despreocupadamente —exhaló con frustración y se tapó la cara con una mano —¿No sabes que me preocupo por ti? —rodeé los ojos, algo poco común en mi —Y porque me preocupas, voy a decirte que dejes de buscar a Bella porque se ha ido a comprar comestibles. Llevó a Tony, no hay porqué exasperarse porque están absolutamente bien. ¿Estás feliz?
Me quedé sin aliento por sus palabras, no podía respirar.
—¿Bbbella? —articulé a duras penas —¿Dde ccompras?
—Si, de compras —confirmó mis temores —cuando saliste echando diablos, gritando el nombre de Bella, le pregunté a todos si te habían visto. Dijeron que te dirigías a lo de Billy Black. Pensé que tal vez él te retendría un poco y decidí encontrar a Bella para que te quedaras mas tranquila, de paso te conseguiría un calmante. Entonces vi a Brady y supuse que el sería quien mejor pudiera ayudarme, no me equivoqué. —Sonrió con suficiencia, orgulloso de su intuición —Entonces, me contó que planeaba salir de compras para reponer víveres y el pequeño Tony se le colgó de las piernas. No se nada mas que eso.
Todo estaba dicho…
El destino no podía detenerse y yo no evitaría lo inevitable…
Solo rogué porque esto no tuviera consecuencias terribles.
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Es cortito, lose. He tardado mucho tiempo, lo se. Y tal vez no recompenza todo el tiempo que les he hecho esperar, lo se.
Pero es solo la primera parte, puesto a que la inspiración se ha fugado a mitad de camino y no quería dejaros con mas intriga de la necesaria.
En la segunda parte, que es POV Edward, se reencuantran. Bueno...al menos el principio del reencuantro.
Tuve un muy fuerte bloqueo con todas las historias y espero que me perdonen. Pero todo esto del concurso y el aniversario me tiene muy entusiasmada y no puedo parar de pensar en eso. Porfa animense a participar, con un oneshot que ya tengan escrito si quieren!
Los espero y nos vemos en el proximo capítulo de MADMP.
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